La llegada de la carta de jubilación marca el final de la vida laboral, pero el inicio de una relación burocrática que durará siempre. Comprender ese papel es fundamental para saber si el Estado está pagando lo que corresponde. Alfonso Muñoz, funcionario de la Seguridad Social, explica que el documento no debe leerse de golpe, sino entendiendo que se divide en tres bloques muy claros: «la parte de información administrativa, la parte de información económica y la parte de cálculo».
El plazo que no perdona
Muñoz destaca que es aquí donde se informa sobre ayudas clave como los complementos a mínimos o el complemento para la reducción de brecha de género, especificando los requisitos para mantenerlos.
Sin embargo, el funcionario hace hincapié en una advertencia legal que aparece en el texto y que muchos pasan por alto: el pie de recurso. La administración otorga un periodo improrrogable. «Se nos da 30 días hábiles para que podamos plantear una reclamación previa en el supuesto de que no estemos de acuerdo con la resolución», subraya Muñoz. Este es el tiempo límite para actuar si las cuentas no cuadran.
La fórmula del dinero
En el apartado económico reside la clave de la cuantía. Muñoz señala que el dato estrella es la «base reguladora», la cifra sobre la que gira todo y que «se obtiene de la media de las bases de cotización de los últimos años». Si se cumplen los requisitos de edad y años cotizados, el pensionista recibe el 100% de esta base.
Pero el dinero que llega al banco no es ese total. Al importe inicial hay que restarle las retenciones de IRPF. El resultado final es el «importe líquido», que es la cifra real de ingreso. Además, Muñoz aclara la confusión habitual con el primer pago, que suele ser una cantidad extraña porque incluye la parte proporcional de los días del mes y la parte proporcional de la paga extra: «Se obtiene de dos operaciones» y suma ambos conceptos.
En las últimas páginas, donde se detalla el cálculo de los últimos 25 años, se aplica una corrección vital. Las bases de los dos últimos años cuentan por su valor nominal, pero «las restantes anteriores se actualizarán con el IPC acumulado». Esto garantiza que el dinero cotizado hace dos décadas tenga un valor real equivalente al de hoy.
La división final entre 350
El documento concluye con el despliegue técnico de la vida laboral. Para los nuevos jubilados, el cálculo abarca un periodo amplio. Muñoz explica la operación matemática definitiva: se suman todas las bases actualizadas de esos años y «las dividimos entre 350». Este divisor surge de multiplicar los 25 años computables por las 14 pagas anuales.
Aunque el experto admite que el desglose de datos, índices y bases mes a mes «puede resultar un poco liosa», defiende que es una información «bastante detallada». Gracias a esta transparencia técnica, cualquier ciudadano puede revisar su historial y confirmar que la Seguridad Social ha tenido en cuenta cada día cotizado antes de cerrar el expediente.
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