La historia de la música popular está repleta de recreaciones y revisiones, pero no solo desde la perspectiva del mismo patrón musical que la pieza original, sino desde planteamientos sonoros que aparentemente están en las antípodas de las canciones versioneadas. Los ejemplos son abundantes y no agotaré su paciencia y el espacio de esta crónica con un listado. Solo decirles que esta introducción viene a cuento a raíz del concierto del viernes en la zaragozana sala López, donde el combo barcelonés The Salsa Punk Orkestra metió en cintura latina algunos de los himnos punkis del repositorio cañero español y alguna que otra perla extranjera.
Para entendernos: ¿imaginan escuchar ‘Autosuficiencia’, de Parálisis Permanente, el grupo del malogrado Eduardo Benavente, en clave caribeña? Pues este es solo un ejemplo del repertorio de The Salsa Punk Orkestra, una colección de canciones que en su momento reflejaron el malestar de una juventud que no encontraba su hueco en la España brillante de la recién estrenada democracia. Ahora, según advierten las encuestas, los jóvenes bien alimentados y con bono de gimnasio votan a la extrema derecha; hace un puñado de años, los cachorros de los padres que habían vivido la dictadura franquista no votaban ni a la extrema izquierda por parecerle muy de derechas.
Invitación al baile y al jolgorio
Pero al lío: ¿pierden vigor los arrebatos de la escena punk al ser trasladados al universo salsero? Pues no, ya que, además de su carácter reivindicativo, las canciones originales invitaban al baile y al jolgorio. El compromiso no estaba reñido con la diversión. Salvo que hubiera guardias por el medio. ‘Mucha policía, poca diversión’, de Eskorbuto, fue otra de las piezas del programa. Además, ‘Mierda de ciudad’ y la muy celebrada ‘Sarri Sarri’, de Kortatu; ‘Enemigo público’, de Cicatriz en la matriz; ‘Ellos dicen mierda’ y ‘Salve’, de La Polla Records; ‘Jesucristo García’, de Extremoduro; ‘Me gusta ser una zorra’, de Las Vulpes; ‘Bailaré sobre tu tumba’, de Siniestro Total; y ‘Embolingats’, de Skatalà. Y del cancionero extranjero, ‘Should I Stay’ o ‘Should I Go’, de The Clash; ‘American Idiot’, de Green Day (todo un merengazo-punkarra) y ‘Blitzkrieg Bop’, de (The) Ramones. Un programón, vaya, bien resuelto por The Salsa Punk Orkestra.
Pero en esta ocasión, para mí no era esa la clave de la actuación; lo que contaba es que en pleno auge del fascismo disfrazado de revolución, recordamos la importancia de la música como arma incruenta de combate. Recientemente, Santiago Abascal pidió desinfectar el palacio de congresos de Plasencia, donde se había celebrado un homenaje a Robe Iniesta, fundador de Extremoduro; el viernes, en la López, a golpe de tumbao, recordamos la urgente necesidad de desinfectar a Vox. ¡Hey ho, let’s go!











