El amor en tiempos de crisis de vivienda tiene sus más y sus menos, pero si se trata de dividir gastos, las ventajas cobran protagonismo. La compra de una casa en solitario en Canarias supone dedicar casi diez años de sueldo íntegro para lograrlo, frente a los algo más de cuatro años de salario conjunto que debe dedicar una pareja para hacer frente al pago de una vivienda, según el informe ‘San Valentín, o cuando el amor marca la diferencia en la compra de vivienda’ de Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI). Con uno de los salarios más bajos del país para asimilar los precios por residencia más caros de España –y con una tendencia sostenida al alza– el Archipiélago es uno de los territorios con más problemas para adquirir una casa sin el soporte de una segunda economía.
El esfuerzo salarial para acceder a una vivienda varía de forma significativa según el territorio y el Archipiélago ocupa el segundo puesto con una media de 9,92 años. Apenas unas décimas por encima se sitúa Extremadura, que lidera el ranking con 10,07 años de salario bruto necesarios para adquirir una vivienda media. En contraste, las parejas reducen de forma notable este esfuerzo hasta destinar una media de 4,26 años de su salario conjunto, es decir, prácticamente la mitad del tiempo requerido por una persona soltera. Por ello no resulta descabellado pensar que mantener el umbral de esfuerzo económico por debajo del 30% que recomiendan instituciones como el Banco Central Europeo pasa, en muchos casos, por compartir vivienda
Es el caso de Rita Vera, quien lleva cinco años con su novio y desde hace poco más de uno que comparten piso. Él residía en Maspalomas y ella en Fataga –al sur de Gran Canaria– , pero tras comenzar a trabajar en Telde y Las Palmas de Gran Canaria, respectivamente, vivir en una zona más próxima a sus puestos de trabajo se volvió clave. «Hubo mucha meditación previa y calculamos bien los gastos para irnos a vivir juntos», explica la joven de 23 años. Y, tras descartar la mudanza en solitario, se trasladaron al barrio de la Isleta, donde gestionan en conjunto la economía de su hogar. Vera reconoce que de no haber tenido pareja para comenzar su vida de manera independiente, «habría buscado compartir piso». El hecho de dividir los gastos le da una sensación de seguridad pues, «puedo ahorrar y siento tranquilidad por si se me rompe el coche o debo asumir algún gasto extra al mes», confiesa.
Nuevos términos en la pareja
En su caso, si decidieran poner fin a la relación optaría por volver a la casa de sus padres. Sin embargo, en otros casos en los que la pareja no dispone de una red cercana a la que regresar se puede dar la situación de permanecer con esa persona no por amor o compatibilidad, sino por conveniencia económica. De hecho, existe incluso un término para apodarlo: el ‘inflationship’. La unión del término inflación con el de relación (ship) se crea en un contexto de inflación creciente, aumento de los costos de vivienda y gastos cotidianos por el que «el acceso a la vivienda se está convirtiendo en un reto para muchos ciudadanos y, en especial, para quienes compran solos. No se trata únicamente del precio, sino de la capacidad real de ahorro y de la estabilidad de los ingresos», afirma la directora de Financiación Hipotecaria de UCI, Lorena Zenklussen.
En este sentido, el mercado residencial se caracteriza por el predominio de la compra en pareja. En concreto, el 74% de los compradores adquiere su vivienda con otra persona, frente a un 19,5% que lo hace en solitario. Dentro del grupo de compradores que acceden a una vivienda con otra persona, las parejas con hijos concentran el 49% de las compraventas, seguidas de las parejas sin hijos (26%). Por su parte, las familias monoparentales representan en torno al 5% del total de operaciones, lo que refleja la distinta capacidad de acceso a la vivienda en función de la estructura del hogar y del nivel de ingresos.
El estudio de UCI también concluye la desigualdad en la adquisición de un piso. Pues bien, los hombres solteros necesitan destinar de media 7,85 años de su salario bruto anual para adquirir una vivienda tipo de 90 metros cuadrados en España, mientras que en el caso de las mujeres solteras el esfuerzo es de 9,32 años de sueldo, lo que evidencia que la brecha salarial se traslada de forma directa al acceso a un hogar en propiedad.
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