El caso Jeffrey Epstein continúa proyectando su sombra incluso años después de su muerte en 2019, salpicando a mandatorios, empresarios, artistas y también a varios ‘royals’ de las casas reales europeas, protagonistas también de la conversación pública de este escándalo planetario. Además del despojado Andrés Montbautten Windsor, y su ex, Sarah Ferguson, en el Reino Unido; en Noruega, la princesa heredera Mette-Marit atraviesa una crisis reputacional por sus contactos documentados con el magnate. Y en Suecia, dos nombres han resonado en las últimas semanas: la mujer de Carlos Felipe de Suecia, exestrella de ‘reality shows’ y modelo Sofía de Suecia, que reconoció haber coincidido con él en un restaurante, y Magdalena de Suecia, hija de los reyes Carlos Gustavo y Silvia, señalada en un libro publicado en 2020 como objeto de una supuesta «obsesión» por parte del financiero.
Si en el caso de Sofía de Suecia, su historia se refiere a un encuentro puntual que no habría tenido mayor recorrido, en el de Magdalena, el enfoque es muy distinto pues la ‘royal’, en este caso, es protagonista involuntaria.
Una fascinación unilateral
Según el periodista y escritor estadounidense Ian Halperin, autor del libro ‘ Controversy: Sex, Lies and Dirty Money By The World’s Powerful Elite’ (‘Sexo, mentiras y dinero sucio de la poderosa élite del mundo’) Epstein habría desarrollado una fijación personal con la hija menor de los reyes de Suecia.
Con su intensa mirada azul y su larga melena rubia, Magdalena es una de las princesas más guapas de todas las casas europeas.
«Decía que era la royal más sexy del mundo. Estaba obsesionado con ella», asegura Halperin en declaraciones recogidas por medios suecos como ‘Svensk Dam’. El autor sostiene que el encuentro entre ambos se produjo en un evento benéfico celebrado en Nueva York, cuando Magdalena residía en la Gran Manzana, tras romper su compromiso con el abogado sueco Jonas Bergström, después de descubrir una infidelidad de este.
En Nueva York comenzó a trabajar para World Childhood Foundation, la ONG de su madre dedicada a la infancia. Más tarde, en la misma conoció a su actual marido y padre de sus tres hijos, Chris O’Neill.
A partir de ese momento, siempre según el libro, el interés del magnate habría ido mucho más allá de una simple admiración: Halperin afirma que Epstein llegó incluso a ordenar a empleados de su entorno que la siguieran discretamente y que comentaba a sus allegados que «la conseguiría».
No existen, sin embargo, pruebas de que la princesa mantuviera ningún tipo de relación con él más allá de ese encuentro puntual, ni correos electrónicos, ni reuniones privadas posteriores.
Nueva York, refugio y reconstrucción
La etapa neoyorquina de Magdalena fue, para muchos, un periodo de transición personal. Tras una ruptura sentimental que ocupó portadas en toda Europa, la princesa se instaló en EEUU y comenzó a colaborar con la World Childhood Foundation, la organización creada por su madre para proteger a la infancia vulnerable.
Fue también en esa ciudad donde conoció a su actual marido, Chris O’Neill, con quien se casó en 2013 y formó una familia de tres hijos.
Su imagen pública -melena rubia, mirada azul, porte de princesa «de cuento»- la convirtió durante años en una de las figuras más mediáticas de la realeza europea, un magnetismo que, en este caso, habría atraído una atención tan incómoda como indeseada.
El contraste con Mette-Marit
Mientras que en el caso de Sofía se habla de un encuentro puntual y en el de Magdalena de una supuesta obsesión unilateral, en Noruega el vínculo con Epstein fue real y documentado. La princesa heredera Mette-Marit mantuvo contacto con el magnate entre 2011 y 2014, con correos electrónicos, reuniones e incluso una estancia de cuatro noches en su residencia de Florida.
En mensajes conocidos posteriormente, la propia Mette-Marit reconocía haber buscado información sobre él en Google y saber que «lo que decían no era muy bueno», a pesar de que Epstein ya había sido condenado por delitos sexuales.
El contraste entre los tres casos es evidente: desde el contacto circunstancial hasta la relación documentada, pasando por la obsesión que, según el autor del libro, nunca fue correspondida.
Una princesa volcada en la protección infantil
Quizá lo más llamativo sea el contraste entre estas revelaciones y la trayectoria pública actual de Magdalena. En los últimos años, la princesa ha centrado buena parte de su agenda en la defensa de la infancia y la lucha contra el abuso.
Incluso publicó el libro infantil ‘Stella y el secreto’, que aborda el abuso sexual desde una perspectiva adaptada para niños, con el objetivo de dar herramientas a víctimas y familias.
Hoy, instalada de nuevo en Suecia, Magdalena combina algunos compromisos institucionales con proyectos empresariales, como el lanzamiento de su firma cosmética MinLen, en colaboración con la empresa natural Weleda.
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