El 19 de diciembre Álvaro Arbeloa recibió un mensaje del club. «Despeja la agenda el lunes y el martes». El Real Madrid se marchaba de vacaciones tras ganar al Sevilla en el Bernabéu (2-0), pero Florentino seguía sopesando el despido de Xabi Alonso. El presidente lo quiso echar tras caer en casa ante el Celta, 14 días antes, pero la ausencia de alternativas le obligó a mantenerlo. Sin embargo, Pérez valoró seriamente despedir al tolosarra en Navidad, con los jugadores de vacaciones y el fútbol parado. Le parecía un buen momento, pero finalmente compró la estrategia de José Ángel Sánchez de no desperdiciar una bala poniendo a Arbeloa en la Supercopa de España, donde una derrota sentenciaría al salmantino nada más empezar en el banquillo blanco, además de dejar al club sin margen de maniobra.
Presentación furtiva
Nadie llamó a Arbeloa el lunes 22 de diciembre ni el martes, pero él ya sabía que su oportunidad estaba al caer. Así que cuando Xabi se negó a aceptar la intromisión de Pintus en la parcela física en la reunión posterior a la Supercopa, Arbeloa esperaba pacientemente la llamada de José Ángel. Fue la tarde del 12 de enero y cuentan que fue una conversación corta que el ex del Castilla coronó con «será un honor». Florentino aceptó a regañadientes a Arbeloa como sucesor del ‘Trufas’ (como llama cariñosamente Álvaro a Xabi), pero se negó a organizar una presentación a bombo y platillo. «No quiero más ruido», advirtió a sus colaboradores el presidente. Así que al día siguiente, en la previa del partido con el Albacete, Arbeloa compareció en la sala de prensa de Valdebebas ante un centenar de alumnos del máster de comunicación del club y la mitad de periodistas junto a Emilio Butragueño.
«Querido Álvaro, esta es tu casa. Conoces bien los valores y la exigencia de esta institución. Te ayudaremos a conseguir hacer realidad los sueños de nuestros aficionados», fueron las primeras palabras que le dedicó ‘El Buitre’. Un Arbeloa pletórico le respondió: «Para mí es un día especial, como lo han sido todos los días que he formado parte del Real Madrid, el mejor club del mundo, el mejor club de la historia. Ayer me confirmaron por la tarde que Xabi y el club habían decidido separar sus caminos y que querían que asumiese la responsabilidad de sustituirle».
El salmantino se sentía cómodo ante una prensa amable con la que mantiene relación de amistad personal en muchos casos. Desde el primer momento se esforzó por regalar los oídos a unos y otros. Al club: «Estaré en el Real Madrid hasta que el Real Madrid quiera porque es mi casa». A los futbolistas: «Todos hemos visto como se han esforzado en la final de la Supercopa. Tenemos un equipo de chicos dispuestos a todo. Aquí hay jugadores con 6 Copas de Europa. No me importan los egos». A los aficionados: «Respeto al Bernabéu y con su apoyo podemos conseguir todo lo que propongamos». Al presidente: «Los que pitan a Florentino no quieren al Madrid. Es el mejor presidente de la historia, con permiso de don Santiago Bernabéu». Incluso a Xabi: «Sabéis lo que le respeto y le quiero». Un discurso demasiado forzado que ganó adeptos en un primer momento, pero que se ha ido descomponiendo con el paso de los días.
El ridículo de Albacete
En el vestuario corrió la voz de que todo lo que se hablase en su presencia llegaría a los oídos del presidente. Así que los futbolistas pactaron no hablar nada transcendente delante suya. El técnico se estrenó subestimando al Albacete, al dejar en Madrid, junto a los lesionados Mbappé y Rodrygo, a Courtois, Tchouameni, Carreras y Bellingham. Cuatro jugadores sin problemas físicos aparentes, quedando una convocatoria de 20 futbolistas con 12 del primer equipo, porque Mastantuono tiene ficha del B. Ni un delantero en el banquillo y en el césped Vinícius, Gonzalo y Mastantuono. Perdieron y la eliminación en su debut le distanció más de un vestuario que no entendió la convocatoria. En los despachos Florentino se enfadó mucho y se le pidieron explicaciones al técnico.
Aquel incendio provocó otro mayor: la bronca del Bernabéu a Florentino. Nunca se había vuelto la grada al palco pidiendo la dimisión del presidente y señalando a los ‘rebeldes’ del vestuario con Xabi: Vinícius, Bellingham y Valverde. El (6-1) al Mónaco en Champions devolvió la sonrisa a Arbeloa y algo de tranquilidad al club. Resultado que se vio respaldado por un solvente (0-2) en Villarreal. El equipo no enamoraba, pero ganaba.
La hecatombe de Lisboa
Y entonces llegó la visita a Lisboa. El cruce de elogios previo entre Mourinho y Arbeloa evidenció la falta de tensión competitiva en un Madrid que se veía clasificado para el Top-8. Pero el gol en el descuento del portero ucraniano Trubin descolgó a los blancos y les condenó a jugar dieciseisavos ante… el Benfica. Arbeloa fue barrido en la pizarra por Mourinho, ratificando las sospechas del vestuario sobre su capacidad. El enfado de Florentino redobló su insistencia por hacerse con Klopp. El alemán ya cogía el teléfono y comenzó a desbloquear su postura. Del «no voy a entrenar más» pasó a «…en Inglaterra». Y después de lo del Benfica la llamada fue respondida con un «y si voy, ¿qué jugadores estáis dispuestos a fichar para reforzar la plantilla?». Desatascado Klopp, el problema era Arbeloa.
El entrenador del Real Madrid Álvaro Arbeloa, en una rueda de prensa antes de medirse al Valencia / SERGIO PÉREZ / EFE
Después de la hecatombe en Lisboa visitaba el Bernabéu el Rayo. Arbeloa castigó a Carreras, víctima de los dos contra uno lusos por la pasividad de Vinícius. Y después de otra sonora pitada, el Madrid ganó de penalti en el descuento un partido en el que Arbeloa evidenció un llamativo desgobierno táctico en las sustituciones y los cambios de sistema. Al finalizar el partido los jugadores se reunieron con él durante una hora para mostrar su preocupación. La plantilla estaba estupefacta con las decisiones de Arbeloa y rápidamente comenzaron a filtrarse desencuentros con el entrenador. Mbappé deslizó que estaba más cómodo con Xabi, Carvajal mostró su malestar por ser el cuarto lateral, Alaba no entendía su suplencia, Camavinga comentó al club que en verano estudiaría el mercado…
Hoy cumple Arbeloa un mes en el Madrid, un mes al timón del Titanic en el que ha dirigido siete partidos de los que ha ganado cinco (los de Liga), pero está marcado por el ridículo de Albacete y la hecatombe de Lisboa. El vestuario ya ha tenido un encontronazo con él, lo tiene por un ‘chivato’ del presidente y lo considera un técnico interino. El presidente no cree en él y tampoco se ha ganado el favor de la afición porque el equipo no juega a nada. La única duda en el madridismo es cuándo caerá: la eliminatoria ante el Benfica, el derbi con el Atlético en casa el 22 de marzo, los cuartos de Champions…
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