A principios de año, en internet surgió uno de esos retos nostálgicos que animaban a que cada uno se comparase con su yo de 2016 a través de una fotografía de entonces y una actual y las compartiera en sus redes sociales. Alguien jugó en nombre de Benito Antonio Martínez Ocasio (nacido en 1994), cogiendo un documento gráfico que hace años que circula con orgullo, una imagen de él trabajando en el supermercado Econo de Vega Baja (Puerto Rico) ese año, y la enfrentaba con el cartel que anunciaba su ‘show’ en el descanso de la Super Bowl 2026. A diferencia de muchos usuarios que siguieron el juego, a quienes esos 10 años han sentado de manera -digamos que- desigual, esa década le ha bastado a él, Bad Bunny, para dominar el mundo. Musicalmente, pero también más allá. El pasado sábado el diario francés ‘Libération’ titulaba en portada: ‘Bad Bunny, el hombre que asusta a Trump’. Casi nada.
Bad Bunny hace 10 años, cuando trabajaba en un supermercado, y el anuncio de su ‘show’ en el descanso de la Super Bowl 2026. / EPC
El artista lo ha logrado cuando, precisamente, ha publicado su trabajo más radicalmente puertorriqueño (‘Debí tirar más fotos’, álbum del año según los Grammy), glorificando raíces y antepasados, exponiendo problemas locales que resuenan en todas las latitudes a ritmo de salsa, reguetón, bomba o plena. «Ya no estamo pa’ la movie y las cadena’; tamos pa’ las cosas que valgan la pena», parece que resuma en estos versos de ‘DtMf’. «Su éxito puede atribuirse a su capacidad para escribir música profundamente personal y, al mismo tiempo, responder al estado del mundo y su comunidad», escanea Suzy Exposito, periodista musical y editora en ‘Los Angeles Times’. Problemas como el turismo masivo, la gentrificación, la precariedad, la migración, etcétera.
«Hace música profundamente personal y, al mismo tiempo, responde al estado del mundo y su comunidad»
«Como dijo en su discurso de aceptación en los Grammy, siente solidaridad con cualquiera que haya sido desplazado o forzado a alejarse de su tierra natal debido al profundo amor que él siente por la suya», comparte la experta en música latina, que apunta que en Puerto Rico se calcula que en 2017 unas 200.000 personas tuvieron que abandonar la isla por culpa del huracán María y la dejadez de la administración Trump. Cabe recordar que en verano de 2019, Bad Bunny y otros artistas encabezaron protestas contra el entonces gobernador, Ricardo Rosselló. Él, al igual que en la pasada Super Bowl, ondeó entonces una bandera puertorriqueña con el triángulo azul celeste (azul marino es el color oficial), símbolo que clama por la resistencia e independencia de la isla, que tiene estatus de estado libre asociado a Estados Unidos.
«Lo que implica vivir en lo que muchos han catalogado como ‘la colonia más antigua del mundo’ no es ni ha sido fácil. Él no teme exponer esta realidad al mundo, y tampoco es tímido resaltando la riqueza de Puerto Rico. En su obra, lo ‘puertorriqueño’ no se queda en folclore sino que se vuelve un lenguaje global de época», apunta Sheilla R. Madera, professora de Estudios Globales y Socioculturales en la Florida International University y coautora del ensayo ‘Bad Bunny Enigma: Culture, Resistance and Uncertainly’. Bad Bunny, apunta Exposito, también se pronuncia contra la violencia doméstica o la homofobia. Seguramente, la participación de Ricky Martin y Lady Gaga, ambos iconos LGTBIQ+, en el espectáculo de la Super Bowl también se entienda por ahí. La dimensión de Bad Bunny, queda claro, trasciende de lo musical.
«En su obra, lo ‘puertorriqueño’ no se queda en folclore sino que se vuelve un lenguaje global de época»
Sin ‘blanqueamiento’
Su viaje en esto, recordemos, se inició en el trap, género de raíz americana, pero ha sido muy rico y productivo durante esta década. De la frecuente exaltación individual a la voz colectiva, con memoria, sin anclarse en sitio seguro y alejándose de los estándares yankis y del tópico del latino triunfador (él, que tuvo un romance con Kendall Jenner, del clan Kardashian) en el mercado estadounidense. «Su estrategia ha sido no ‘adaptarse’ al estándar del ‘blanqueamiento’. Todo lo contrario, su propuesta ha sido reordenar el centro. En vez de traducirse para el mercado ‘anglo’, impone su propio marco: su jerga y estilo de hablar español boricua, su estética, ritmos híbridos y una emoción que captura. Eso genera algo maravilloso y atípico en la industria porque se trata de una superestrella global que no diluye su trasfondo, al contrario, lo acentúa», radiografía Sheilla R. Madera.

Bad Bunny entrega un Grammy a su yo de pequeño durante el ‘show’ del descanso de la Super Bowl / NBC / Europa Press
En 2015 un documental de HBO (‘The Latin Explosion: A New America’) trataba de explicar el impacto de la música latina en EEUU desde 1950 y su evolución y ‘boom’ posterior. «En esa época se buscaba suavizar, blanquear o ‘universalizar’ lo latino para hacerlo digerible. Hoy, eso no pasa así», zanja Sheilla R. Madera sobre los 2000. A esa nueva manera de hacer, la profesora de la Florida International University añade otras dos claves para el crecimiento de una figura como Bad Bunny: primero, que las plataformas funcionan al margen de los históricos filtros como la radio; y segundo, que el público estadounidense ha cambiado demográficamente; «no hay un público general homogéneo, hay múltiples públicos, bilingües, híbridos y con hambre de sonidos que antes eran tratados como nicho».
Bad Bunny lo ha hecho, además, de manera independiente, sin estar vinculado a ningún gran sello discográfico. «De esta manera, puede llevar a cabo sus visiones de manera más auténtica y en sus propios términos. Es un talento generacional que habla genuinamente desde el corazón, y creo que eso resulta refrescante e inspirador para la gente», sentencia Exposito.

Bad Bunny debajo de una pantalla en la que se lee ‘perreo’, durante su actuación en el descanso de la Super Bowl 2026, el 8 de febrero en Santa Clara (California, EEUU). / EFE
Jerga menospreciada
Cuando se anunció que Bad Bunny sería el encargado de la actuación ya histórica de la Super Bowl 2026, dijo: «Tienes cuatro meses para aprender español». Curiosamente, tras su espectáculo varias plataformas para aprender idiomas, como Preply y Duolingo, han comunicado que han recibido un alud de peticiones para aprender el idioma. «Es una persona que vive en sus propios términos, con autonomía, que no cambia nada de su expresión auténtica para agradar a la sociedad o tener éxito comercial», ilustra la lingüista puertorriqueña Maia Sherwood Droz, que ha publicado un manual (‘El ABC de DtMF’) que desgrana jerga y referencias para que cualquiera entienda a fondo su cuarto y último disco. «Mantiene una libertad creativa siempre cambiante, que es muy inspiradora», añade Sherwood Droz.
«No cambia nada de su expresión auténtica para agradar a la sociedad o tener éxito comercial»
La lingüista señala la importancia de que un latino haya podido superar la «hegemonía anglohablante de los últimos tiempos». Además, señala, «con un estilo de habla regional y espontánea, de una variedad del español que ha sido en ocasiones menospreciada». Sirva de ejemplo el mensaje con el que reaccionó Trump tras la Super Bowl: «Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo». No se le entiende, el reguetón no es música y el ‘perreo’ es poco menos que delito. Vulgaridades con tintes xenófobos extendidas por aquí y por allí. Como respuesta a todo esto, y con todo el planeta mirando, Bad Bunny montó una escena de fiesta en un caserío en medio de la Super Bowl. En la pantalla, bien grande, se leyó: ‘perreo’.
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