Los Juegos Olímpicos de Invierno se han convertido en la primera gran vitrina de la llamada inteligencia deportiva: desde cámaras de máxima velocidad y precisión y sensores en los esquís hasta modelos de IA que analizan movimientos en décimas de segundo. Estas tecnologías ofrecen datos objetivos que complementan el juicio humano, mejoran el análisis técnico y crean nuevas narrativas para el público.
Del 6 al 22 de febrero, los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebran en Milán y Cortina, Italia, no solo reúnen a los mejores atletas del mundo: son el escaparate de una nueva generación de avances en inteligencia deportiva que prometen transformar la competición. En el corazón de esa revolución tecnológica está Swiss Timing, filial del grupo Swatch, que ha desplegado cámaras de altísima velocidad, sensores miniaturizados y algoritmos de visión por ordenador, capaces de capturar y procesar información en fracciones de segundo.
De acuerdo a un artículo publicado en IEEE Spectrum, las nuevas tecnologías que se ofrecen incluyen un «acabado fotográfico» con cámaras que capturan hasta 40.000 imágenes por segundo. En tanto, veintiocho cámaras 8K rodean la pista de patinaje para reconstruir movimientos en tres dimensiones y medir variables como altura del salto, tiempo en el aire y velocidad de aterrizaje.
Mediciones de precisión, IA y otros avances
Según los especialistas, estos sistemas combinan modelos de Inteligencia Artificial (IA) para estimar poses y otros sistemas que interpretan los datos en tiempo real, generando visuales y mapas de calor en menos de una décima de segundo. Esa combinación permite ofrecer al espectador gráficos explicativos en televisión y datos que pueden complementar la valoración técnica de los jueces.
En la disciplina que más espectadores concentra, el patinaje artístico, la tecnología aporta mediciones de precisión: detección del ángulo de las cuchillas, análisis de rotaciones y la posibilidad, en versiones futuras, de determinar de forma automática si una rotación se completó o quedó por debajo del umbral reglamentario.
La intención oficial es dotar a los árbitros y al público de información objetiva que complemente la apreciación estética, aunque no sustituirla: los atletas son los «clientes” de estas herramientas y necesitan comprenderlas para confiar en sus resultados.
Mejorando la experiencia del espectador y la transparencia de los resultados
El salto de esquí, por ejemplo, mezcla cámaras y sensores adheridos a los esquíes que transmiten datos sobre velocidad, aceleración y posición en el aire. Estos sensores, combinados con mediciones meteorológicas, permiten relacionar el rendimiento con las condiciones de viento y revelar posicionales que facilitan el diagnóstico técnico inmediato.
En pruebas cronometradas la precisión es vital, y la novedad es el uso de un “timer cuántico” capaz de medir hasta la millonésima de segundo. Aunque los resultados oficiales siguen apoyándose en fotoeléctricos tradicionales, las imágenes compuestas que comparan distintas bajadas ofrecen al público una lectura más narrativa de los márgenes entre el triunfo y la derrota. Estas herramientas refuerzan la sensación de que, frente a separaciones de milésimas de segundo, la tecnología puede dar sentido y contexto a decisiones que antes eran confusas.
Estas innovaciones plantean también desafíos: la transparencia de los algoritmos, la validación de los modelos frente a sesgos y la integración de datos en procesos de arbitraje son algunos de los puntos a superar. Los organizadores insisten en que la tecnología facilitará la confianza si se comunica con claridad y si los deportistas participan en su desarrollo y calibración. La apuesta permitirá mejorar la experiencia del espectador con visuales y estadísticas y ofrecer a entrenadores y atletas herramientas analíticas que potencien el rendimiento.












