Las primeras elecciones de la historia del autonomismo en las que Aragón ha votado en solitario -y por adelantado- han servido para dar la puntilla a un gigante que llevaba tiempo padeciendo los arreos de una honda que ha acabado por tumbar a Goliat. Y es que el Partido Aragonés, antes Partido Aragonés Regionalista y a partir de mañana se verá, ha sido la formación que más tiempo ha estado en el Ejecutivo de la comunidad autónoma, lo que no le ha valido para conservar su representación en las Cortes.
En 2023, el PAR ya estuvo al borde de la desaparición en las Cortes en un momento además en el que el partido estaba asediado por el lío judicial que acabó con Arturo Aliaga como líder de la formación y terminó, a finales de 2025, con Alberto Izquierdo al frente. Pero lo que no fue hace dos años ha sido en esta ocasión, un golpe muy duro para un partido que se estrenó en las elecciones autonómicas de 1983, cuando logró 123.494 votos, el 20,46% de los sufragios y 13 diputados, un genial resultado que, eso sí, no le sirvió para gobernar.
Cuatro años más tarde, en 1987, hace ahora casi 40 años, el PAR tocó el cielo de la política aragonesa bajo el liderazgo de Hipólito Gómez de las Roces, cuando alcanzó su techo electoral. En los comicios de aquel año se hicieron con 179.732 votos, el 28,23% del total y 19 diputados y el Partido Aragonés se hizo con la Presidencia de la comunidad.
De las Roces consiguió gobernar en solitario durante dos años, pero después tuvo que integrar al PP en el Consejo de Gobierno en pos de la estabilidad. Cómo han cambiado las cosas. En los años 90 comenzó un lento pero imparable declive. Primero fue el Gomarcazo, una moción de censura del PSOE que fue apoyada por un tránsfuga del PP y que desalojó al PAR de un Ejecutivo que entonces encabezaba el aragonesista Emilio Eiroa.
El declive
Después, en las sucesivas elecciones, el PAR fue perdiendo apoyo ciudadano aunque consiguió encontrar su sitio en la política aragonesa convirtiéndose en un partido bisagra, ese clavico del abanico capaz de amarrar gobiernos tanto del PP como del PSOE. Los aragonesistas formaron parte del Ejecutivo del socialista Marcelino Iglesias y de la conservadora Luisa Fernanda Rudi. En las elecciones autonómicas de 2015 el PAR consiguió seis escaños. En las de 2019, tres diputados. Y en las de 2023, uno.
A partir de mañana, Aragón deberá encontrar su estabilidad sin ese clavico que ha permitido tanto al PSOE como al PP gobernar sin sobresaltos a lo largo de los últimos lustros. Incluso cuando parecía imposible, el PAR entró a formar parte de gobiernos en los que también estaban CHA y Podemos, como ocurrió con el cuatipartito que encabezó Javier Lambán. Sin clavico, Azcón se ha quedado sin abanico y solo le queda soportar la ventolera de un Vox envalentonado que ha conseguido doblar su represenación en las Cortes de Aragón.
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