Hace falta una auditoría urgente de la infraestructura

La tragedia de Adamuz (Córdoba) del pasado 18 de enero, en la que un tren de alta velocidad de Iryo descarriló y acabó colisionando con un Alvia que circulaba en dirección contraria, dejando 46 muertos, disparó todas las alarmas por el estado de la infraestructura y una deficiencia que pudo originar la catástrofe. Esto derivó en un aumento de incidencias detectadas por los maquinistas en la línea de alta velocidad entre Madrid y Zaragoza, que conllevó la aplicación de limitaciones temporales de velocidad, que luego se levantaron y volvieron a darse, provocando retrasos constantes en todos los trenes que circulan en el corredor más utilizado de España.

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