Lustre histórico. Noche de éxtasis en el Arena, la primera de toda una temporada para olvidar. Ante un rival acérrimo como La Laguna Tenerife y en el peor momento de la temporada, cuando más dudas había sobre la plantilla y el técnico, la mayoría de ellas justificadas, el Dreamland Gran Canaria sacó la cabeza para ganar el primer derbi canario europeo de la historia. Lo hizo con una gran remontada, porque llegó a perder por hasta 17 puntos durante el tercer cuarto, pero los hombres de Lakovic no solo dieron un paso al frente, sino que se desfondaron en ataque y en defensa para respirar tranquilos. Todo ello, con una exhibición de pundonor cuando más falta hacía.
La realidad demostró que el duelo tuvo dos versiones; y en la primera parecía que el encuentro iba por unos derroteros similares a los de jornadas anteriores. Los porcentajes en el tiro exterior y las sensaciones eran las de siempre en esta campaña: el mal segundo cuarto hizo mella y las caras de los jugadores eran un fiel reflejo del mal desempeño, hasta el punto de transmitir, mediante su lenguaje corporal, que estaban viendo la misma película de cada domingo por la tarde. Por eso, el camino a los vestuarios se hizo eterno y se agravó aún más cuando Tenerife logró poner en el marcador una ventaja máxima de 17 que podía haber terminado de tumbar a un conjunto herido y que en Andorra tocó fondo, no por las maneras, pero sí por la derrota.
Incluso los aficionados, que sí respondió a pesar de que ni la hora ni el nivel de los claretianos hasta ahora invitaban a ello; es evidente que era un derbi y eso llama algo la atención, pero el grado de enfado de los seguidores ha sido notorio a lo largo de estos meses y podían haber tirado la toalla del todo. Aun así, decidieron no fallaron. Es más, empujaron en el momento más complicado donde el Granca creyó.
Carácter y pizarra como antídotos
Después de juguetear como un funambulista sobre el precipicio y estar a punto de caer, los amarillos tomaron las riendas de su propio destino para que, con corazón y carácter, olvidaran su bagaje, sus problemas y sus carencias con la única intención de no rendirse. No hubo bloqueos mentales, no hubo reproches entre compañeros y tampoco miraron por el retrovisor para autoflagelarse. Solo importó el presente.
Ahí apareció la efervescencia de Kassius Robertson, líder total en el revolcón con los aurinegros, que decidió no obcecarse con el triple para martillear a sus defensores desde el bote y la creación. En el otro lado de la pista llegó el mejor Kur Kuath, omnipresente en cada defensa para colapsar la zona y obligar a los de Txus Vidorreta a jugar demasiado desde el exterior. Además, se entonó Tobey con un plus de agresividad, así como Ziga Samar y Alocén, tanto para dirigir como para imponerse a los bases canaristas; de hecho, el esloveno ya frenó a Huertas en La Laguna y ayer volvió a ponérselo difícil. No se quedó atrás Isaiah Wong, quien puso por delante de su semblante de jugador frío toda su rabia para convertirse en pieza importante de la resurrección, donde Pierre Pelos también cumplió, anotando varias canastas vitales en instantes clave y ayudando en la retaguardia.
Todo ello quedó aderezado, de nuevo, por la pizarra, la misma que durante siete encuentros seguidos tropezó en la misma piedra. Jaka Lakovic consiguió saldar el pasado 28 de diciembre en el Santiago Martín una deuda consigo mismo y con el derbi canario, ganándole su careo particular a Vidorreta, y en la edición europea no se quedó atrás. De nuevo, logró dar con el antídoto ideal para frenar el casi indefendible bloqueo directo de los laguneros, impidiendo que en la segunda mitad le hicieran daño, aspecto que sí sucedió durante la primera. No obstante, cuando por fin apareció la concentración, se cerró el grifo. De esa manera, el Tenerife solo anotó 11 y 15 puntos durante los dos últimos cuartos, lo que expone el gran trabajo táctico del preparador esloveno.
Europa como trampolín
Donde no llega el talento, llega el esfuerzo, y a eso se aferraron los claretianos para adjudicarse un nuevo derbi. De lo contrario, sería difícil de explicar cómo un equipo que solo sumó tres triples tras el descanso salió victorioso. Ahora, la mochila pesa algo menos que hace unos días, aunque en el mundo del deporte quien vive del pasado está destinado al fracaso. De nada sirve este triunfo si no se refrenda con más, pero, por lo menos, se ve que este equipo tiene pulso y Europa es el camino más corto para cambiar la foto de la temporada.













