Un proceso artesanal sin precedentes
El jamón en cuestión ha sido elaborado por el secadero Curalia, situado en el término municipal de Trevélez, uno de los enclaves más reconocidos del país por su tradición jamonera. Pero este no es un jamón cualquiera: su tamaño, peso y tratamiento lo convierten en una pieza completamente excepcional.
Según fuentes cercanas a la empresa, la pieza fue seleccionada desde el nacimiento del animal para desarrollar un producto fuera de lo común. El cerdo, de más de 400 kilos en canal, permitió obtener una pata trasera que alcanzó un peso inédito.
Cuatro años de paciencia y precisión
El proceso de curación de este jamón ha sido calculado con sumo cuidado. A diferencia de las piezas estándar, que suelen necesitar entre 18 y 24 meses de curación, esta pieza requerirá al menos cuatro años para alcanzar su punto óptimo. El objetivo es que la sal penetre homogéneamente en toda la masa muscular, sin alterar su sabor ni textura.
Durante este tiempo, el jamón pasará por diversas fases de secado natural, adaptadas a su morfología singular. Además, se le aplican controles periódicos y ajustes de temperatura y humedad específicos para garantizar su maduración correcta.
Una joya para coleccionistas y gourmets
La pieza no está destinada a una venta tradicional. Desde Curalia indican que su valor es simbólico y promocional, una muestra del máximo nivel de excelencia que puede alcanzar la industria jamonera nacional. Por su rareza, se espera que despierte el interés de coleccionistas, chefs de renombre y eventos gastronómicos internacionales.
Granada como referente mundial
Este jamón consolida a la provincia de Granada como uno de los epicentros de la alta charcutería española. La combinación de altitud, clima seco y frío y saber hacer tradicional posiciona a zonas como Trevélez en el mapa global del jamón curado.
La apuesta de Curalia por la innovación dentro del respeto a las técnicas ancestrales da lugar a este tipo de proyectos extraordinarios que demuestran la capacidad de evolución del sector.
Un símbolo de identidad local
Más allá de su potencial gastronómico, esta pieza representa el orgullo de una tierra y su compromiso con la calidad. Se convierte así en embajadora de una forma de entender el producto local, donde el tiempo, el cuidado y el entorno natural son ingredientes esenciales.
El jamón de 120 kilos que se cura en Granada no solo es un prodigio técnico: es también una declaración de principios sobre cómo la tradición puede renovarse sin perder su esencia.










