El cómico Carlos Areces participó en el programa especial que realizó Movistar+ por la celebración de los Globos de Oro. Él, que es muy cuco, aventuró que la actriz Julia Roberts (58 años, Estados Unidos) no se llevaría el galardón a Mejor Actriz de Drama. Acertó. Pero no se quedó ahí. Tras afirmar que la intérprete es «completamente egocéntrica» y que perder el premio le molestaría bastante, recordó que diez minutos después ella sería la encargada de entregar el Globo de Oro a Mejor Película de Comedia o Musical. «En ese momento vamos a ver lo profesional que es Julia Roberts como actriz», añadió.
Efectivamente, la protagonista de La boda de mi mejor amigo apareció radiante, con un vestido negro de terciopelo diseñado por Armani Privé que destacó entre los demás por su profundo escote en ‘v’, que acompañó con un largo collar dorado del que pendía un colgante con forma de fresa de la marca Swarovski.
Con su sonrisa a pleno rendimiento, el Beverly Hills Hotel se puso en pie para recibir a la estrella nada más verla aparecer y no dejó de aplaudir hasta que la propia Roberts estalló en carcajadas. «Voy a estar insoportable durante una semana», reconoció. Algunos pensaron que eso iba a ocurrir con o sin aplausos. Camino de los cuarenta años haciendo películas, la conocida como La sonrisa de América se ha ido labrando una fama que nada tiene que ver con el mote.
Cuentan las malas lenguas que su relación con Meryl Streep se fue al garete después de que negociara a sus espaldas con el director y productor de Agosto un cambio en la escena final, que protagonizaba Streep, para rodar un epílogo en la que ella fuera la única actriz ante la cámara.
No se habla con Catherine Zeta-Jones, con quien grabó la película La pareja del año. También coincidió con ella en Ocean’s Twelve y, en esta ocasión, le hizo ninguna gracia dejar de ser la única mujer entre el elenco mayoritariamente masculino, así que exigió al productor vestir ropa más cara durante la película y una mansión más grande en la que vivir mientras durara el rodaje. Sus deseos fueron órdenes.
Con Hugh Grant dicen que terminó haciendo las paces, pero miembros del equipo de rodaje desvelaron que tuvieron que acordar no dirigirse la palabra tan pronto como dejaran de grabar para poder continuar con la película Notting Hill, uno de los mayores éxitos de la carrera de ambos y que, por cierto, casi no hace Roberts. «Cuando me llamó mi agente para hablar de Notting Hill pensé que era la idea más tonta de una película que podía hacer», reconoció en una entrevista reciente. Cambió de parecer tras leer el guion.
Lo de Kiefer Sutherland es harina de otro costal. Con el protagonista de la serie 24 estuvo a punto de casarse y lo dejó plantado en el altar a pocos días de la boda. Se lio con su amigo Jason Patric, también actor. Hay que decir también que Sutherland tuvo antes un affaire con una stripper. El director Steven Spielberg, que trabajó con ella en Hook (El capitán Garfio) cuando todo este melodrama se acababa de fraguar, juró que jamás volvería a trabajar con ella y así ha sucedido. Roberts, que hila fino, participaría años más tarde en el filme Novia a la fuga.
Nick Nolte, John Malkovich, Jennifer Aniston o Anne Hathaway son otros actores que han tachado de sus vidas a quien, durante finales de los noventa y principios de los 2000 fue la actriz mejor pagada de mundo. Por La sonrisa de Mona Lisa llegó a cobrar 25 millones de dólares, un récord en aquella época.
Con sus más o sus menos, nadie pone en duda de que la estadounidense que romantizó la prostitución en los noventa con Pretty Woman es una de las mejores actrices de nuestros tiempos. Erin Brockovich es la única cinta por la que ha ganado un Oscar —merecidísimo—, aunque ha estado nominada en tres ocasiones más. No obstante, tiene en su haber tres Globos de Oro, un Bafta, un premio del Sindicato de Actores y, cómo no, el Premio Donostia del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, además de medio centenar de galardones más.
Una de las últimas polémicas de esta todoterreno del séptimo arte atañe a la periodista española María Guerra, que le hizo una pregunta incómoda en el Festival de Venecia sobre su última película, Caza de Brujas, que, a su parecer, pretendía enterrar el movimiento Me Too. «María, no está en mi naturaleza ser desagradable», advirtió a la periodista antes de explicarle que le gusta que de sus películas «salgan puntos de vista diferentes». Pero todo el rato con una sonrisa que hiela la sangre.














