En toda la historia ningún imperio ha sucedido a otro de la noche a la mañana. El tenis tampoco ha sido una excepción. El llamado Big 3, formado por Roger Federer, Rafel Nadal y Novak Djokovic; ha tenido un escalonado epílogo superpuesto con el auge de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner.
El manacorí presenció en primera fila cambio de guardia con el murciano completando el Grand Slam en el Abierto de Australia y superándole en precocidad. La mezcla de emociones no tuvo que ser fácil.
Quien le conoce bien sabe que un palco de autoridades no es todavía su zona de confort. Y menos regresando por primera vez a Melbourne desde que en 2024 renunció a participar en el torneo a pocos días de empezar por su enésima lesión.
Matt Damon, en su interpretación del cazatalentos Sonny Vaccaro en la película Air (2023), explica la metáfora de las grandes estrellas del deporte que nunca les falta compañía en el ascenso hacia la cima de sus carreras y que lo complicado es bajar de la cumbre en soledad.
Nadal, que solamente ha aceptado contados homenajes desde su retirada, transita en esta etapa del proceso y en Melbourne Park estuvo escoltado por dos personas de máxima confianza como su manager, Carlos Costa; además su responsable de comunicación, Benito Pérez-Barbadillo.
Durante la final, Djokovic rompió el protocolo y logró sacarle una carcajada cuando le espetó, en tono de broma, si quería bajar a jugar sobre la acrílica pista azul. El serbio, y luego Alcaraz, volvieron a dedicarle palabras de afecto en una ceremonia en la cual muchos pensaban que el mallorquín sería quien entregara el trofeo. Tal vez todavía sea pronto.
Nadal y Alcaraz sí se encontraron después en las entrañas de la Rod Laver Arena. Tras fundirse en un abrazo, el murciano dijo: “Es muy duro jugar contra Novak”. Y él, con media sonrisa, le respondió: “Lo sé”.












