No les han dado el título de ministros, sino de comisionados, y no forman parte de un gobierno sino de un comité, sin poder ejecutivo ni independencia en la toma de decisiones o soberanía sobre el territorio. Pero suya es la responsabilidad de reemplazar a Hamás en Gaza para gestionar los asuntos civiles del enclave e implementar los planes de Donald Trump, convertido en el amo y señor del territorio devastado por Israel. El llamado Comité Nacional para la Administración de Gaza será la fachada palestina del proyecto neocolonial de EEUU en la Franja. Su formación no se hizo oficial hasta mediados de este mes, pero tanto la propuesta como los nombres de sus integrantes llevaban más de un año esperando la aprobación de Binyamín Netanyahu, según ha podido saber EL PERIÓDICO. Además de Israel, también Egipto, Qatar y Emiratos han tenido una influencia decisiva en el perfil del comité.
El comité tiene 15 miembros, todos ellos originarios de Gaza y descritos como tecnócratas y apolíticos. Muchos tuvieron sin embargo en el pasado algún tipo de vinculación con Al Fatah, el partido laico y pro-occidental que nutre los cuadros de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en la Cisjordania ocupada. «Son nacionalistas, no muy politizados y con una reputación razonable», afirma el politólogo Asad Abdul Rahman, quien fuera miembro del Comité Central de la OLP, refiriéndose a sus integrantes. «Técnicamente son mejores que el Gobierno actual de la ANP en Ramala», sostiene un exfuncionario del Gobierno autónomo palestino.
Esos vínculos son particularmente evidentes en el caso de Ali Shaath, el presidente del comité, un ingeniero civil nacido en Jan Yunis que fue viceministro de la ANP y tuvo un papel importante en el desarrollo de las zonas industriales de Gaza, hoy totalmente destruidas. Pero esa cercanía no debería llevar a engaños. Israel se opone frontalmente a que el gobierno internacionalmente reconocido de los palestinos tenga rol alguno en la Franja y, de momento, Washington lo ha permitido.
Gestación del comité palestino
«La idea del comité empezó a gestarse en diciembre de 2023 bajo la mediación de los qataríes y con la aprobación de Hamás. Más tarde Qatar y Egipto negociaron los nombres de sus integrantes con la ANP y Hamás y, para agosto de 2024, todas las facciones palestinas habían dado su visto bueno a 42 posibles candidatos», explica Muhammad Shehada, investigador del European Council on Foreign Affairs y originario de Gaza. La intención pasaba por crear un equipo de tecnócratas que reemplazara a los islamistas en el poder y de paso eliminara uno de los motivos invocados por Israel continuar con el asalto militar, por entonces en su décimo mes. «Todos esos nombres han estado en la mesa de Netanyahu desde hace un año y medio, pero no fue hasta que Trump impuso el alto el fuego y ordenó la formación del comité cuando salieron a relucir. Incluso, desde entonces, Israel no ha dejado de arrastrar los pies. No quería un comité palestino», añade Shehada.
Durante todos esos meses el Shin Bet israelí —uno de sus cuerpos de seguridad— se dedicó a vetar los nombres de los integrantes del comité, según varias fuentes. Pero también a asegurarse de que algunos de ellos entrarían en colisión con Hamás, que debería desarmarse durante esta segunda de la tregua. El caso más llamativo es el de Sami Nasman, un antiguo alto cargo del espionaje de la ANP en Gaza, colocado ahora al frente de Interior. Nasman es un viejo enemigo de los islamistas, condenado en 2016 en rebeldía a 15 años de prisión por dirigir una «red de desestabilización» dedicada a crear el «caos» y atentar contra figuras del aparato gubernamental. De los 42 nombres aprobados inicialmente por las facciones palestinas, solo cuatro habrían pasado el corte final.
Influencia de Egipto y Emiratos
No solo Israel ha impuesto sus preferencias. También lo han hecho los mediadores, empezando por Egipto, que tiene frontera con Gaza y una larga historia de injerencia en sus asuntos. «Uno de los hombres clave de la negociación fue el jefe de la inteligencia egipcia, el general Hassan Rashad», asegura una fuente cercana a las élites empresariales de la región. «Egipto pretende sacar tajada del pastel de la reconstrucción y ha insertado a algunos de sus aliados en el comité».
Otro de los actores con derecho de pernada es Emiratos Árabes, el país más cercano a Israel del golfo Pérsico y uno de los donantes llamados a pagar parte de la factura de la reconstrucción. «Los emiratíes han jugado un papel muy importante en la segunda fase del plan de Trump, de modo que han logrado colocar a algunos de los suyos en el organigrama», asegura Shehada. Uno de ellos es el mencionado Sami Nasman (Interior), muy cercano a Mohammed Dahlan, quien fuera el hombre fuerte de Al Fatah en Gaza hasta que entró en confrontación directa con Hamás y con el presidente de la ANP, Mahmud Abás. Desde 2011 Dahlan ha vivido exiliado en Emiratos, donde ha acabado siendo asesor del príncipe heredero, Mohamed bin Zayed.
Otra figura muy cercana a Bin Zayed es el diplomático búlgaro Nicolai Mladenov, quien fuera enviado especial de la ONU a Oriente Próximo. Mladenov será el alto representante para Gaza de la «Junta de Paz» de Trump, el órgano avalado por el Consejo de Seguridad de la ONU con la autoridad última sobre el enclave, en el que no hay un solo palestino. Debajo de la Junta hay un Consejo Ejecutivo nombrado también por Trump y compuesto por multimillonarios y dirigentes extranjeros. En lo más bajo de la pirámide, el comité palestino, encargado de aplicar las directrices de los órganos a los que está subordinado. Mladevov «apoyará la supervisión de la Junta sobre todos los aspectos de la gobernabilidad, la reconstrucción y el desarrollo de Gaza», ha dicho la Casa Blanca. También se encargará de asegurarse de que Hamás se desarma, un hito que se espera que recaiga sobre la Fuerza de Estabilización Internacional que teóricamente se desplegará en la Franja.
Recelos de puertas adentro
Tanto la Autoridad Nacional Palestina como el resto de facciones han respaldado públicamente al comité de tecnócratas palestinos, en gran medida por su voluntad de frenar la campaña genocida de los dos últimos años y desbloquear la situación. «De puertas adentro, sin embargo, están enormemente frustrados», asegura Shehada. «Particularmente Hamás, que está pidiendo que se retire a Basman del comité». De momento Israel no ha permitido el acceso a Gaza de los miembros del comité.
También preocupa entre los palestinos que el modelo de Gaza sirva para consolidar definitivamente la desconexión política entre Gaza y Cisjordania y desnacionalizar su causa. Y es que, por primera vez, la comunidad internacional ha aceptado un ‘gobierno’ en la Franja sin vinculación formal alguna con la ANP ni horizonte político. Una situación distinta a la que existía hasta ahora porque, cuando Hamás tomó por la fuerza todo el poder en Gaza (2007), la comunidad internacional no reconoció a su gobierno e hizo de la ANP la única autoridad palestina reconocida internacionalmente.
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