Durante décadas se creyó que el hipocampo era el principal responsable de la pérdida de memoria con la edad. Ahora, un nuevo megaestudio basado en más de 10.000 escáneres cerebrales demuestra que la pérdida de memoria asociada al envejecimiento no se debe a una sola zona cerebral, sino a una vulnerabilidad estructural que se extiende por múltiples regiones del cerebro y se intensifica con la edad.
Los resultados de un amplio estudio internacional, que incluye participación española y fue liderado por el Hebrew SeniorLife, dependiente de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, muestran que la conexión entre la contracción del tejido cerebral y la disminución de la memoria no es lineal, es más fuerte en los adultos mayores y no está impulsada únicamente por genes conocidos asociados al Alzheimer, como APOE ε4.
Según una nota de prensa, esto sugiere que el envejecimiento cerebral es más complejo de lo que se pensaba anteriormente y que la vulnerabilidad de la memoria refleja cambios estructurales extensos en múltiples regiones, más allá del hipocampo o una patología aislada.
El declive de la memoria como vulnerabilidad macroestructural
La investigación, publicada en la revista Nature Communications, combinó 10.343 resonancias magnéticas y 13.460 pruebas de memoria de 3.737 adultos cognitivamente sanos, procedentes de 13 cohortes diferentes. En concreto, los hallazgos muestran que la relación entre la atrofia cerebral y el declive de la memoria es un fenómeno complejo, progresivo y heterogéneo, del cual todavía no conocemos muchos aspectos.
A diferencia de la hipótesis tradicional que atribuía la mayor parte del deterioro a un único foco, específicamente ubicado en el hipocampo, el nuevo análisis identificó un patrón distribuido: aunque el hipocampo exhibe la asociación más fuerte con la pérdida de memoria, muchas otras regiones corticales y subcorticales también contribuyen, formando un gradiente de vulnerabilidad que afecta a amplias redes cerebrales.
En otras palabras, el declive cognitivo en personas mayores refleja una “vulnerabilidad macroestructural” generalizada, más que una lesión localizada. Otro hallazgo clave es la no linealidad de la relación: las personas con tasas de pérdida estructural por encima del promedio experimentan descensos de memoria muy intensos. En consecuencia, todo indica que una vez que la atrofia supera cierto umbral las consecuencias cognitivas se aceleran.
Riesgo genético ligado al Alzheimer y posibles estrategias preventivas
El estudio también examinó el papel del riesgo genético relacionado con la enfermedad de Alzheimer, específicamente la variante APOE ε4. Aunque los portadores de esta variedad mostraron tasas más pronunciadas de pérdida cerebral y de memoria, la presencia del gen no modificó la relación entre la caída estructural y el deterioro de la memoria. Esto significa que aunque la genética influye en la velocidad del declive, no explica por completo por qué la atrofia y la memoria van de la mano.
Referencia
Vulnerability to memory decline in aging revealed by a mega-analysis of structural brain change. Didac Vidal-Piñeiro et al. Nature Communications (2025). DOI:https://doi.org/10.1038/s41467-025-66354-y
Para los investigadores, estas conclusiones redefinen el enfoque preventivo y terapéutico. “El declive cognitivo no se reduce a una sola región o un solo gen, sino que refleja una vulnerabilidad biológica amplia que se acumula durante décadas”, señaló en el comunicado Álvaro Pascual-Leone, uno de los autores principales del estudio.
Identificar a tiempo a quienes presentan patrones de pérdida acelerada de memoria podría permitir intervenciones más personalizadas para preservar la función cognitiva, según los especialistas. Para ello se requieren estrategias multidimensionales, que incluyan desde estilos de vida para proteger la salud cerebral hasta tratamientos dirigidos a múltiples redes neuronales.










