La IA ya está reconfigurando economía, democracia y vida cotidiana. En un debate en Madrid, voces expertas defendieron que Europa solo tendrá futuro si combina regulación común con capacidad real para desarrollar tecnología propia.
En todos los futuros que hoy avistamos, la inteligencia artificial ocupa un lugar central. Está ahí, plantada frente a nosotros como un espejo de la humanidad. Y lo que devuelve ese reflejo interpela, incomoda y genera inquietud: no solo por lo que muestra en Europa, sino también -y quizá, sobre todo- por lo que revela fuera de ella. Esta fue una de las ideas vertebradoras del debate Inteligencia Artificial: ¿Adónde vas, Europa?, organizado recientemente por la asociación Europa en Suma en la biblioteca Iván de Vargas de Madrid.
El encuentro reunió a voces clave del ámbito tecnológico europeo. La ingeniera de telecomunicación Liubba El Hadi Hamed y el economista Rafael Martínez-Cortiña participaron como ponentes principales, con el divulgador tecnocientífico Alejandro Sacristán como moderador. Además, el pionero de la inteligencia artificial en España, el doctor Ramón López de Mántaras intervino mediante dos mensajes en vídeo que aportaron una perspectiva crítica y de largo recorrido sobre los límites reales de la llamada “inteligencia” artificial.
Al respecto Liubba El Hadi Hamed reflexionó que “Quizás nos hemos cerrado a una definición de la inteligencia como sinónimo de la lógica, y ahí es donde tenemos que traspasar ese límite. El ser humano no es solo una inteligencia lógica: hay otras cosas que nos hacen humanos y ahí no entra la inteligencia artificial, que no deja de ser un artificio, una herramienta creada por los seres humanos.”
La velocidad de implantación de la Inteligencia Artificial generativa
Desde el inicio, el debate puso foco en la velocidad del cambio. La implantación de la IA, y en particular de la IA generativa, ya está teniendo impactos tangibles en el presente, pero es al proyectarse hacia el futuro cuando emergen las mayores preocupaciones. “Lo que hagamos ahora puede condicionar de manera decisiva el futuro de la Unión Europea y de toda su ciudadanía”, se subrayó durante la sesión, en un contexto marcado por decisiones tecnológicas que tienen profundas implicaciones sociales, económicas y democráticas.
Uno de los ejes centrales del encuentro fue la gobernanza de la inteligencia artificial, un terreno que se está definiendo en tiempo real. Estados Unidos, la Unión Europea y China avanzan con estrategias distintas y, en muchos aspectos, aparentemente incompatibles entre sí. Mientras Estados Unidos prioriza la rapidez, la escalabilidad y el liderazgo empresarial sin más valores que los de mercado ultraliberal, y China apuesta por un modelo fuertemente centralizado y orientado al control, Europa abre una tercera vía basada en la regulación, los derechos fundamentales y un enfoque humanista de la tecnología, como afirmaron ambos ponentes.
En este escenario, navegar entre múltiples marcos regulatorios se ha convertido en un activo estratégico, tanto para los grandes bloques geopolíticos como dentro de las propias legislaciones nacionales. La Unión Europea ha logrado algo inédito: acordar una regulación común en materia de inteligencia artificial entre 27 Estados miembros. Sin embargo, el debate puso de manifiesto una tensión clave: regular no basta si no va acompañado de una capacidad real para desarrollar tecnología propia y reducir la dependencia exterior. Y ese es el plan europeo, claramente definido con sus objetivos, la creación de gigafactorías de IA más sostenibles, y un calendario fijado y transparente, conocido por los diferentes agentes de la IA a nivel mundial.
Esto, según El Hadi y Martíñez-Cortiña, supone una ventaja para Europa ya que da estabilidad y seguridad a inversores y otros actores, a nivel global. Además, Martínez-Cortiña añadió que “la Unión Europea piensa en términos de dignidad humana y de largo plazo; no tenemos por qué participar en una guerra tecnológica que no define el tipo de sociedad que queremos.”
Ventajas y desventajas de Europa en el marco actual de la IA
Desde el punto de vista económico y tecnológico, el diagnóstico fue claro y matizado. Europa cuenta con una producción científica de primer nivel y con un enorme capital humano, pero sufre una brecha significativa entre investigación e industrialización. La inversión privada en IA es muy inferior a la de Estados Unidos, existe una notable fuga de capital y talento, y el número de grandes modelos desarrollados en suelo europeo sigue siendo reducido por ahora. A ello se suma la fragmentación de su tejido empresarial, dominado por pymes con menos capacidad para escalar soluciones basadas en IA.
Martínez-Cortiña profundizó en una de las soluciones: “somos campeones en una regulación acordada entre 27 Estados miembros; eso es digno de felicitación. Una ley como la europea da seguridad jurídica: si yo soy inversor y vengo de fuera, ya sé a qué atenerme en todos estos países. Lo que hace falta es comunicarlo bien al mercado”.
Aviso a navegantes y a la sociedad europea
Las intervenciones del doctor Ramón López de Mántaras aportaron una capa adicional de profundidad crítica. El investigador cuestionó la idea de que los sistemas actuales puedan considerarse realmente inteligentes y advirtió contra la tendencia a antropomorfizar estas tecnologías. Tras la aparente sofisticación de los algoritmos hay, recordó, enormes volúmenes de datos, procesos probabilísticos y una cantidad ingente de trabajo humano invisible.
“No estamos ante máquinas que piensan, sino ante sistemas que imitan patrones sin comprender”, vino a señalar, llamando a desmitificar la narrativa dominante. También denunció el “esclavismo digital”: “Detrás de estos sistemas hay algoritmos muy complicados, diseñados por gente realmente inteligente, y miles de personas trabajando en condiciones deplorables para que funcionen. Hay millones de personas en el Sur global entrenando estos sistemas por salarios miserables, etiquetando imágenes y validando respuestas sin contrato ni protección alguna.”
Sala de la biblioteca Iván de Vargas de Madrid donde se celebró el encuentro de expertos. / Isabel Paz.
Impacto social
El debate también abordó el impacto social de la adopción masiva de la IA, especialmente entre la población joven. La rápida normalización de estas herramientas demuestra una alta capacidad de adopción digital, pero plantea riesgos evidentes si no va acompañada de alfabetización crítica, como señaló Liubba El Hadi. La educación apareció como un eje estratégico: no solo aprender a usar la IA, sino a entender cómo funciona, qué valores incorpora y con qué objetivos se despliega. El Hadi Hamed amplió la reflexión: “la población de 16 a 24 años no ha recibido la educación necesaria para tratar estas aplicaciones con pensamiento crítico y entendiendo muy bien qué son. La alfabetización en inteligencia artificial debe incluir aprender a pensar en algoritmos: descomponer problemas en partes pequeñas hasta llegar a sí o no.”
Mientras que Martíñez- Cortiña añadió una advertencia: “tenemos mucha habilidad digital y una enorme demanda, pero estamos exponiendo a nuestra juventud a contenidos y valores que no son los de la Unión Europea. Estas inteligencias artificiales de compañía son tremendamente persuasivas porque su modelo de negocio se basa en capturar nuestra atención y explotar nuestra fragilidad humana, cuidado con ello.”
La carrera de la IA es una maratón y Europa tiene un plan
Lejos de plantear la carrera de la inteligencia artificial como una competición de velocidad, los ponentes defendieron la idea de una maratón, explicada por Rafael Martínez-Cortiña: “se puede ganar una carrera de cien metros con unas condiciones muy específicas, pero para correr y ganar una maratón hace falta un plan, una preparación previa y ajustar la velocidad a los objetivos, el proceso y los valores, en este caso europeos. Europa quizá no llegue primero, pero puede -y debe- aspirar a llegar mejor”.
Como se resumió en una de las ideas más repetidas del encuentro: regular no es frenar la innovación, sino la condición para que esta sea sostenible y esté al servicio de la sociedad y los valores europeos. Los 5 valores fundamentales de la Unión Europea (UE) son: respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad y Estado de Derecho, a los que se suma el respeto de los derechos humanos.
En un momento en el que el futuro tecnológico se está escribiendo a gran velocidad, el debate dejó una conclusión clara: la inteligencia artificial no es solo una cuestión técnica, sino un proyecto político y cultural. Y Europa aún está a tiempo de decidir qué reflejo quiere ver cuando se mire en ese espejo.













