Más truhanes que señores

Donjuanes, casanovas, «latín lovers», «play boys», galanes, rompecorazones, ligones, calaveras y picaflores. Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que atesorar conquistas sexuales, mejor a miles que a cientos, no estaba mal visto. Las familias advertían a sus hijas de los peligros de dejarse enredar por aquellos seductores, por aquello de la honra perdida y por no verlas sufrir en vano, pero, siempre que se mantuvieran en terreno ajeno, los conquistadores eran vistos, ahí es nada, con cierta admiración y envidia por sus congéneres. En cuanto a las mujeres, muchas admitían encontrar en ellos un libidinoso atractivo.

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