El accidente de trenes ocurrido en la tarde del domingo en Adamuz (Córdoba) cuando un Iryo que circulaba entre Málaga y Madrid descarriló e impactó contra un Alvia que viajaba en sentido contrario entre Madrid y Huelva se ha saldado, hasta ahora, con 41 víctimas mortales, mientras otras 39 personas siguen hospitalizadas.
La última víctima mortal se ha localizado bajo los restos del tren Iryo, cuyos tres últimos vagones descarrilaron provocando el siniestro al chocar con la cabecera del tren Alvia, según ha confirmado asimismo la Junta de Andalucía. Tras el trágico accidente, los equipos de psicólogos de crisis entran en acción de inmediato. Y es que, su trabajo no se limita a atender las heridas físicas: en las primeras horas, su objetivo es contener el impacto emocional, acompañar a víctimas y familiares, y prevenir secuelas psicológicas graves como el estrés postraumático.
La psiquiatra Ana Isabel Sanz, directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias y reconocida por segundo año consecutivo como mejor psiquiatra en los Premios Europeos de Medicina, explica cómo actúan estos profesionales en los momentos más críticos tras una tragedia. «La actuación psicológica en las primeras 24 horas se ha demostrado clave para influir en la evolución del impacto psíquico experimentado ante una desgracia que implica un sufrimiento intenso, riesgo vital y experiencias traumáticas».
Como explica a este periódico, «el objetivo de estas intervenciones psicológicas inmediatas es lograr un proceso de elaboración de las pérdidas y de las experiencias traumáticas lo menos lesivo posible y estimular la capacidad de resiliencia de los implicados con vistas a una recuperación emocional posterior».
El proceso mediante el que se pone en marcha esta actuación de emergencias es la llegada inmediata de equipos profesionales especialmente capacitados para estas tareas (se trata de una subespecialidad de la intervención psicológica que requiere una formación y una experiencia muy específica). Estos profesionales actúan según una organización ya muy establecida a través de protocolos previos y priorizan: establecer un entorno seguro y tranquilo donde poder contactar directamente con los afectados, valorar el estado de cada uno y establecer qué necesita cada grupo en función de su estado físico y emocional (que hacen que se establezcan sugrupos a los que se presta diferente atención según su nivel de afectación).
Ana Isabel Sanz es directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias y del departamento de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia Plaza de Madrid / Cedida
Cómo ayudar a las afectadas en los primeros días tras la tragedia
La doctora Sanz señala que la metodología fundamental de trabajo es «identificarse con calma ante los afectados y ofrecerles ayuda sin ser intrusivos. La escucha es el elemento fundamental de trabajo, lo cual implica permitir (sin forzar) la expresión libre de emociones intensas de ira, tristeza o contradictorias, y tolerar los silencios o las manifestaciones de bloqueo si se dan».
Parte de esta escucha es «admitir sin juzgar ni calmar antes de tiempo lo que la víctima expresa o dice». En los casos de personas que están “como ausentes” se puede contribuir con técnicas que le ayuden a tomar contacto con el presente (respirar profundamente, tocar y prestar atención a objetos del entorno, tocar tierra con los pies…).
Paralelamente a esa escucha activa es importante proporcionar información «clara, breve, sencilla, veraz y sin dramatismos ni mentiras» sobre aspectos dolorosos que ya están contrastados (la muerte de un familiar, por ejemplo). A medida que avanza la interacción puede avanzarse en ayudar al afectado a salir de la situación de pérdida de control y bloqueo mediante la validación en la toma de pequeñas decisiones sobre situaciones concretas relacionadas con ese momento.
Entre los errores comunes se deben evitar al intentar consolar o ayudar emocionalmente a alguien tras un accidente, la especialista destaca:
- No minimizar los hechos es fundamental, sin caer en el polo opuesto del dramatismo.
- Evitar expresiones tópicas con el supuesto fin de tranquilizar: “tranquilo” “tienes que estar tranquilo”, “no llores, ya está, ya ha pasado”, “ahora tienes que ser fuerte”, “no puedes venirte abajo”
- Evitar actitudes y comentarios sobreprotectores (“sé por lo que está pasando”).
Señales de alarma para pedir ayuda tras el accidente
En la intervención de urgencia los signos preocupantes son las manifestaciones de «desconexión, la sensación de que el sujeto está ausente (lo que se conoce técnicamente como disociación), la reacción intensa de parálisis física y bloqueo psíquico, el extremo contrario que serían la angustia extrema y la agitación motora con consecuencias no previsibles, la expresión y la manifestación de tendencias de autoagresión o de lesión a otros por la ira y la impulsividad ante la desesperación».
Sobre la intervención, hay dos tipos: de urgencia y el tratamiento posterior. La primera es breve por definición, horas, pocos días. La segunda puede durar meses o incluso años dependiendo de la severidad del impacto emocional del trauma experimentado, algo que depende de la vivencia propia de cada individuo, de las pérdidas y traumas experimentados, de la estructura psíquica previa y del apoyo que reciba, tanto técnico como familiar y social.












