Hoy resulta impensable la realidad de hace 20 años, cuando encenderse un cigarrillo después de cenar en un restaurante y sin levantarte de la mesa era lo normal. En el 2001 se fumaba en el trabajo, en el aeropuerto, en la discoteca y en clase. Se fumaba en todas partes. Por eso, la ley antitabaco se anunciaba como el fin de los locales de restauración y de ocio. Entró en vigor en 2006 y lo hizo a medio gas en bares y restaurantes que tuvieron que hacer obras para establecer zonas reservadas que, sin embargo, desaparecieron en su totalidad cinco años después. La ley del Tabaco de 2005 nació con duras críticas y multiples temores (sobre todo económicos) y es aplaudida veinte años después tras conseguir su objetivo: menos fumadores habituales y fumadores pasivos bajo mínimos.
En la Comunitat Valenciana, 1 de cada 5 personas adultas es fumadora y se calcula que alrededor de 6.500 personas mueren cada año por causas relacionadas con el tabaco. Según datos de la Encuesta de Salud de la Comunitat Valenciana de 2022, el 17,6% de los adultos mayores de 15 años se declara fumador habitual y un 2,6% fumador esporádico. Así consta en el «Documento de posicionamiento sobre el Tabaquismo del Instituto Médico Valenciano y la Federación de Sociedades Científicas» que data del año pasado y que explica que a pesar «de los esfuerzos realizados en la Comunitat Valenciana, y en el resto de España, para mejorar la situación del tabaquismo (Ley 28/2005, Ley 42/2010, Decreto 53/2006 del Consell), en la actualidad muchas personas siguen fumado o están expuestas al humo del tabaco, y pueden enfermar o morir prematuramente como consecuencia de ello, aunque la experiencia previa con la legislación sobre medidas sanitarias frente al tabaquismo, demuestra que la sociedad comprende y acepta la importancia de estas medidas». Y es que los datos reflejan que la ley antitabaco ha reducido el número de fumadores habituales a la mitad en la Comunitat Valenciana ya que en 2001 había un 32% de fumadores habituales, lo que significa que uno de cada tres valencianos adultos encendía un cigarrillo cuando le apetecía, sin apenas restricciones.
Los cambios
La ley del Tabaco supuso un antes y un después hace veinte años, y ahora prepara una segunda vuelta. El pasado mes de septiembre el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de ley de una nueva normativa que amplía el objetivo a los cigarrillos electrónicos (para equipararlos a los convencionales) y prohíbe fumar y vapear en nuevos espacios como las terrazas, las piscinas o las marquesinas del autobús. La medida forma parte del Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027, responde a las recomendaciones de organismos internacionales y está previsto que entre en vigor este año.
La ley amplía los espacios donde está prohibido fumar. Así, establece que no se podrá fumar (ni publicitar nada relacionado con el tabaco y sus productos relacionados) en un perímetro de seguridad de 15 metros lineales alrededor de las zonas protegidas como instalaciones sanitarias, centros educativos o deportivos o parques infantiles. Además, incluye otros espacios en los que también estará prohibido fumar como las terrazas de los bares, espectáculos y conciertos al aire libre, universidades y vehículos de trabajo.
La asignatura pendiente
La nueva norma avanza pero deja peticiones sin resolver, entre las que destaca el empaquetado y el precio. Una de las reclamaciones de los médicos y expertos es el empaquetado genérico, que ha encontrado su choque frontal con las empresas que fabrican los productos del tabaco. El empaquetado neutro se centra en eliminar los elementos de diseño y marca en las cajetillas con el objetivo de reducir su atractivo para el consumidor. Sin embargo, tendrá que esperar, algo que también ocurre con el precio ya que la ley tampoco recogerá el aumento de la fiscalidad.
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