Código morse adolescente

La vida con adolescentes es fascinante, nunca dejas de sorprenderte. A aquello de «no pongas punto final en los WhatsApp, que resulta intimidante», ahora se ha sumado lo de «no llames, que eso es intrusivo, manda un mensaje». Criada en un mundo en que el teléfono de casa era de todos y para cosas importantes, y no se podía usar mucho rato (para comunicarse con cierta discreción había que ir a una cabina), para mí el hecho de recibir o hacer llamadas era algo normal y, a la vez, estimulante. Con el paso del tiempo y el avance de las tecnologías aprendes a no coger las que no te interesan, a activar el buzón o a bloquear, por lo que las únicas llamadas intrusivas que me quedan son las de números desconocidos a la hora de la siesta, del comercial de cualquier cosa o de esa persona que cree que eres alguien que no eres… y se empeña en que sí, que mejor sabrá ella que tú quién eres realmente.

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