El próximo fin de semana, la presidenta de la Comisión Europea (UE), Ursula von der Leyen, y el del Consejo Europeo, António Costa, firmarán en Asunción (Paraguay) el acuerdo de libre comercio que Europa y los países del Mercosur –Uruguay, Brasil y Argentina, además de Paraguay– han venido negociando durante los últimos 25 años. El documento supone abrir las puertas de Europa a las producciones de dichos países, en las que son protagonistas la agricultura y la ganadería. Este último sector es el que en primer término padecerá los efectos en las Islas.
Los agricultores franceses y belgas mantienen focos de resistencia con cortes de carreteras. El próximo 21 de enero hay otra protesta convocada en Bruselas como la celebrada en víspera de las fechas navideñas y que reunió a miles de trabajadores del campo europeo, con representación canaria incluida. Nada parará un acuerdo que beneficia a sectores estratégicos de la UE como el industria o el financiero, pero se lleva por delante algunos de los preceptos que el proyecto común defiende.
«Hablamos de que utilizan piensos para alimentar a sus animales que aquí llevan prohibidos 20 años»
Entre ellos los medioambientales y de salud en el consumo. Los cuatro países sudamericanos franquean el paso a los coches producidos en Alemania o a los grandes bancos españoles, entre otros, y a cambio podrán enviar su carne, de animales alimentados con productos transgénicos. «Hablamos de piensos que aquí están prohibidos hace 20 años», advierte el secretario general de Asaga-Canarias, Theo Hernando.
Agravio comparativo
Por esa línea discurren la mayor parte de las quejas de los productores agrícolas y ganaderos del Archipiélago. Mientras ellos tienen que cumplir estrictas normas ven cómo les adelantan toneladas de verdura, fruta o carne que se rigen por una carta de obligaciones mucho más laxa.
Y no solo de manera tan directa, también con derivadas que atentan contra la Agenda 2030. «Uno de sus pilares [de la agenda] es reducir la huella de carbono y ahora traemos productos desde países que están a 6.500 kilómetros», destaca el portavoz de los productores canarios de frutas y hortalizas de exportación (Fedex), Gustavo Rodríguez. En similar perspectiva pone la soja transgénica, de la que tanto «Argentina como Brasil son grandes productores» y que sirve «para alimentar a sus animales». Y remata el secretario general de Asaga-Canarias: «Están dando carta blanca para la quema del Amazonas y sembrar más cantidad de esos productos».
«Declaran que hay que reducir la huella de carbono y ahora nos traemos sus productos desde 6.500 kilómetros»
La alarma la trae el dejar abierto el portón a vaivenes en el mercado que dejen a los agricultores y ganaderos canarios fuera para siempre. «Si cada vez estamos más empobrecidos, ¿cómo vamos a seguir ahora con este acuerdo?», lamenta la presidenta de COAG-Canarias, Mari Carmen Pérez. Lo cierto es que la ganadería ya ve cómo el Régimen Específico de Abastecimiento (REA) permite la entrada de carne sudamericana sin ningún tipo de arancel.
Que puedan traer sus productos de la ganadería sin cortapisas –además de azúcar, arroz, miel y soja– significa un incremento de la oferta que reducirá los precios. Cuando eso suceda, no dudarán en inundar mercados sumidero –Canarias lo es–, incluso con precios por debajo del coste de producción (dumping) para que su carne no pierda valor en el continente, donde está el grueso de la demanda.
Ecuador, asociado
En agricultura, ninguno de los cuatro países del Mercosur son exportadores de bananas, pero «Ecuador es un país asociado», advierte Rodríguez. Por esa rendija puede escaparse el aire en cualquier momento. «Estamos convencidos de que tenemos un producto de mayor calidad», afirma el gerente de la asociación de productores Asprocan, Sergio Cáceres.
El riesgo entonces está en los costes de producción y por eso demanda que se «iguale la competencia al menos en lo que respecta a las normas fitosanitarias». En eso y en la introducción, conseguida la semana pasada, de una salvaguarda a activar en cuanto se afecte el 5% del mercado, en lugar del 10% como estaba previsto, se afanan los franceses.
El ejemplo de Marruecos
En cualquier caso, desde la otra orilla ya han advertido de que si se firma un acuerdo de libre comercio es para ejercerlo en toda su extensión. Mal comienzo, «cuando ya se ha visto lo que pasa con el tomate de Marruecos», avisa Gustavo Rodríguez. En otras palabras, la ausencia de vigilancia estricta genera caídas de precios que afectan a quienes soportan costes más elevados; los productores canarios, y europeos en general, en este caso.
«Si cada vez estamos más empobrecidos, ¿cómo vamos a seguir ahora con este acuerdo?»
Cuestión distinta es la papaya. Las Islas exportan entre nueve y diez millones de kilos «y la cantidad va en aumento año tras año», detalla el secretario técnico de COAG-Canarias, Manuel Redondo. El trasvase desde el tomate ha sido intenso en las últimas décadas. Brasil sí exporta papaya y en breve llegará a los mercado de Europa.
El consuelo es que, por ahora, el proceso de maduración de esta fruta obliga a enviarla por vía aérea, lo que la encarece y permite a los agricultores canarios ser competitivos. Pero, de nuevo, la puerta está abierta y cualquier mejora que se implemente para la conservación puede llevarse por delante la agricultura local.
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