Contra la intervención en Venezuela y el robo de Groenlandia. Sigue oponiendo China su diplomacia a los desmanes estadounidenses, consumados e inminentes, sin más efecto por ahora que el trasvase de simpatías en un mundo conmocionado. Donald Trump es un chollo para los anhelos globales de China, frustrada durante décadas por la inutilidad de su propaganda y beneficiada ahora por esta inmejorable campaña de relaciones públicas de Washington.
«Estados Unidos no debe utilizar a otros países como excusa para perseguir sus intereses egoístas», ha pedido este lunes Pekín. «Los derechos y libertades de todos los países para actuar de acuerdo con la ley en el Ártico tienen que ser respetados», ha añadido su portavoz, Mao Ning, en la rueda de prensa diaria. «Las actividades de China en el Ártico tienen como objetivo promover la paz, la estabilidad y el desarrollo sostenible de la región y se ajustan al derecho internacional», ha finalizado.
China y Estados Unidos pugnan por el sudeste asiático, en las proximidades de la primera, y Latinoamérica, el histórico patio trasero de la segunda. La pugna conquistadora de Trump ha ampliado el conflicto hasta el Ártico, tan ajeno a uno y otro. El presidente estadounidense ha justificado su interés por Groenlandia en las presuntas intenciones aviesas de China y Rusia. «Si no tomamos Groenlandia, ellos lo harán, y no voy a permitir eso. De una forma o de otra, vamos a quedarnos con ella», había advertido el domingo a bordo del Air Force One. La invasión militar es la solución si el territorio no firma lo que se le presente. El arrendamiento le disgusta a Trump, magnate inmobiliario, quien sólo contempla la propiedad permanente. Representantes de Groenlandia y Dinamarca viajan esta semana hasta Washington para evitar un desenlace traumático y senadores estadounidenses planean viajar a Copenhague.
Nueva Ruta de la Seda
Antes de la irrupción china ya había provocado el plan estadounidense roces con Nuuk, Copenhague y Bruselas. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha emitido una declaración junto a representantes de otros cuatro partidos exigiendo que el futuro de la isla «sea decidido por su gente» y que Estados Unidos detenga sus reclamaciones. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha pronosticado que una conquista estadounidense acabará con la OTAN. No es seguro su entierro pero sí que el ataque de un miembro a otro condena a una organización de defensa al absurdo. No está en peligro, ha respondido Trump, quien se arroga el rol de su salvador por persuadir a sus miembros de que aumentaran su gasto militar. «Me gusta la OTAN», dijo Trump. La organización, recordó, necesita más a Estados Unidos que esta a aquella.
China se definió en 2018 como un «país cercano al Ártico» y está en la diana de la Nueva Ruta de la Seda, el megaproyecto comercial de Xi Jinping, presidente chino. Su subsuelo oculta petróleo, gas y minerales, según los expertos. El deshielo causado por el calentamiento global, además, permite rutas marítimas inéditas. Un carguero chino cubrió meses atrás la distancia entre el puerto de Ningbo, en la provincia oriental de Zhejiang, con el británico de Felixstowe en tres semanas. Es la mitad del tiempo que exige la travesía por el canal de Suez. Pero las esporádicas excursiones chinas, tranquilizan los expertos, están muy lejos del cuadro descrito por Trump: «Hay destructores y submarinos rusos y chinos por todos lados», dijo.
El mensaje chino no es nuevo: cooperación y comercio frente al monopolio excluyente estadounidense. La prensa nacional alude estos días a las tropelías de Trump como el corolario de una amenaza global. «Si alguien tiene dudas de qué es la diplomacia de cañonazos sólo tiene que mirar lo que ha hecho Estados Unidos en Venezuela. Ha secuestrado a un presidente y está implementando planes para robar su petróleo», señala el editorial del ‘China Daily’. «Y si no era suficiente», prosigue el matutino, las declaraciones de Trump sobre Groenlandia «no dejan margen a la confusión». Sostiene el editorial que Estados Unidos sienta precedentes que devuelven el mundo a un pasado colonial sin justicia ni leyes. «La comunidad internacional no debería permitir que Estados Unidos se apropie de un solo centímetro ajeno o se quedará con metros y metros», advierte. La prensa china y la occidental disfrutan estos días de una extraña sintonía.
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