Largas y consolidadas, pero recibiendo la presión de las de nuevo cuño, que vienen apretando fuerte. Pero las clásicas se mantienen en lo más alto porque estas cosas no varían en décadas, cuando no en siglos. Son las calles y avenidas de València que más ciudadanos tienen empadronados. Cuanto más extensa sea la vía, más portales, más habitantes. Es un ejercicio de lógica. Y aunque los cambios son sutiles con el paso de los años, permiten contemplar algunas curiosidades en lo que es la ciudad como organismo vivo.
De acuerdo con el Anuario Estadístico de la ciudad, la Avenida del Cid llega al máximo histórico de cualquier vía que acoja vecinos. Tantos, que entraría en el top 75 de municipios más poblados de la provincia de València. Con 5.743 vecinos es, con mucha diferencia, la que más empadronados atesora. Y aunque su crecimiento ha sido constante, quizá lo más llamativo es porqué ha acabado no solo por conseguir el liderato, sino por abrir brecha. Porque si hace diez años tenía 70 vecinos menos que la avenida Blasco Ibáñez, la entonces líder, ahora le saca casi seiscientos de diferencia.
Zona tensionada
La explicación habría que buscarla, seguramente, en el proceso de desaparición del concepto «vecino» en el antiguo Paseo de València al Mar, del que se ha ido despojando por la conversión de viviendas tradicionales en apartamentos turísticos o habitaciones para estudiantes -son multitud las ofertas que se pueden ver en los portales especializados-. Blasco Ibáñez y todos sus alrededores es una de las zonas más tensionadas de la ciudad y prueba de ello es el descenso paulatino de población: en diez años se ha dejado 400 vecinos. Eso, en una ciudad que no para de crecer y cuyas calles más pobladas pueden caer en la posición del ranking, pero no en el de número de empadronados, salvo casos como este.
Evolución de la población / RLV
De esta manera, la Avenida del Cid, rodeada de barrios residenciales de toda la vida, desde el Puente de Xirivella hasta el cruce con Pérez Galdós, consolida la hegemonía alcanzada a finales de la pasada década teniendo una población que la equipararía a municipios como Benigànim, Xeraco o l’Alcudia de Crespins. Y eso, pese a que dentro de su trazado hay grandes edificios destinados exclusivamente al sector servicios.
El Anuario señala, en este estadillo, la presencia creciente de algunas avenidas de la «nueva València». La clasificación que facilitan es insólita: un «top 17», un número primo, seguramente más por comodidad de maquetación del excel que por cualquier otro interés. Así, en 2015 ya entraban las avenidas de Maestro Rodrigo, Francia y Pintor Maella. Para entonces tenían ya completados sus PAIs. Y es la primera de ellas la que ha acabado por hacerse con el puesto más alto, ocupando ya la undécima posición. La adquisición más reciente es Amado Granell, que ha ido creciendo conforme se han urbanizado los alrededores del bulevar sur. Así, ha desplazado a Ausias March, que sale de la lista.
San Vicente crece y crecerá
La tercera posición es para la calle San Vicente que, siendo la más larga de la ciudad, debía tener una posición preeminente. Y aún que está lastrada por su propia configuración: quedan bastantes fincas unifamiliares y no pocas deshabitadas. Esto, unido a toda la zona fabril deja la inmensa línea recta de entrada a València con 5.061 vecinos, aunque, eso sí, subiendo sustancialmente en los últimos años hasta desbancar a la avenida Burjassot. Es una zona susceptible de haber aumentado también por la emigración regularizada y tendrá margen de crecimiento en función a los portales que genere, en el futuro, el PAI de San Marcelino.
Las calles que conforman el listado son largas. Algunas, antiguos caminos de entrada a la ciudad (Cid, San Vicente, Burjassot, Constitución, Archiduque Carlos). Otras son el tercer cinturón de ronda, más amplio que la antigua muralla y las grandes vías (Pérez Galdós, Primado Reig, Peris y Valero, Peset Aleixandre) y otras conexión entre barrios (Puerto, Santos Justo y Pastor, Blasco Ibáñez). Salvo alguna excepción en alguna zona puntual, no son paraísos estéticos. Las grandes vías están pensadas para ser cruzadas. Para penetrar, salir o rodear una gran ciudad. Tienen ruidos, tráfico, contaminación. Quien reside ahí sabe lo que tiene cuando asoma al balcón.













