El aterrizaje de Nicole van Enter en el sector del calzado fue una casualidad, pero desde que vio todo su potencial, esta holandesa ha sido capaz de generar a su alrededor ese magnetismo contagioso que provoca que fabricantes, diseñadores e ingenieros la escuchen.
“Mi zapato favorito es el que llevo”, asegura, mientras muestra unas zapatillas sentada junto a una de las mesas de su laboratorio que abrió este verano en la ciudad de Alicante. Nicole van Enter es la fundadora y CEO de Footwearology, una plataforma que tiene como uno de sus principales ejes la formación en innovación en el calzado. Este curso hay inscritos unos 3.000 alumnos. Pero junto a su vertiente didáctica, la consultora se ha convertido en un referente para los equipos de innovación de marcas como Nike, Adidas o Tempe, que fabrica para el grupo Inditex.
Cuando explica su interacción con estos profesionales transmite una naturalidad que deja en segundo plano la confidencialidad del trabajo que lleva parejo participar en muchas reuniones o las visitas que recibe para comprobar que se puede reducir unos milímetros el grosor de uno de los polímeros con los que se imprime una zapatilla. Son pruebas y más pruebas que tienen el valor de, no solo usar la última tecnología, sino de aplicar materiales y moldes que marcarán cómo será ese zapato de moda.
Con la moda en el retrovisor siempre, esta profesional es una experta en simplificar. Lo hace cuando se le pregunta por el futuro y no duda en señalar el binomio salud y calzado como hoja de ruta para los próximos años. El envejecimiento de la población está detrás de esta afirmación y toda una parte del mundo que carece de lo imprescindible. Van Enter piensa en global y, por ese motivo, uno de los atractivos del congreso anual que organiza es que es capaz de juntar en una misma sala al director de producción de Oxman, el estudio neoyorquino, y un emprendedor de la India que ha diseñado un zapato infantil que crece a medida que lo hace el niño.
Pensar en global
«Si no tienes zapatos tienes un problema», explica y, por eso, ademásde trabajar con las firmas por todos conocidas, remarca que su foco se basa en una pregunta: «¿qué `puede hacer el calzado para mejorar el mundo». Cuando habla de personalizar o de nuevos materiales, la consultora se refiere a que esa opción esté en Europa, en India o en China. «Necesitamos un proceso diferente para hacer zapatos», comenta, porque «todas las iniciativas de fabricar con materiales sostenibles han fracasado». Entre los ejemplos cita la empresa española Piñatex, que trató de fabricar productos a partir de fibra de piña y que quebró en octubre.
Así que la sostenibilidad pasa por lograr procesos de automatización y otras pautas que detalla. Muchas de esas técnicas y pruebas están expuestas en las estanterías del laboratorio. Nicole van Enter guarda en su casa mucho arte y una amplia colección de zapatos. «Hago donaciones al Museo del Calzado de Amsterdam», dice sonriendo. Nicole van Enter nació en Hilversum, una ciudad cerca de Waalwijk, cuna del sector en Holanda, y vivir a 30 minutos de Elche y Elda, las dos localidades donde se concentra el 40 % de la producción de calzado español – fue una razón de peso para trasladarse desde Barcelona, aunque su carrera profesional la desarrolló desde la capital holandesa.
Esos cambios considera que son perfectamente compatible con el lujo, que «requiere detalles». Por eso, la artesanía tiene un papel importante y porque hay una belleza ligada a ese producto que es único. Por lo que su conclusión abandera no una única solución, sino la de hibridar para que sea posible la evolución. Ella misma ha vivido en primera persona como el cambio de «actitud» dentro de las empresas es complicado y se ha topado con la puerta en las narices cuando ha tratado de contactar o proponer. Sin embargo, señala empresas como Pikolinos que sí han empezado a virar hacia ese «necesario cambio en los procesos».
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