La comarca natural de Aliste, Tábara y Alba fue antaño cuna y morada de la raza autóctona más emblemática de la Península Ibérica, la asnal zamorano leonesa convertida por su morfología, mansedumbre, aguante y fuerza en parte de la vida diaria e historia de las familias alistanas. Una joya de pura sangre única cuyo presente y futuro se tambalea en la tierra que la vio nacer.
Durante siglos las burras de pura sangre de la raza autóctona zamorano leonesa fueron parte imprescindible para todas las familias agro ganaderas de «La Raya» de España y Portugal, contribuyendo incluso a alimentar a los niños durante la trágica «Gripe Española» de 1918 y la Guerra Civil de 1936 a 1939, en la que la desnutrición de muchas madres por falta de una alimentación adecuada o por «andancios» (enfermedades) les privaba de dar leche a sus hijos.
No es de extrañar pues que las burras fueran consideradas incluso un miembro más del núcleo familiar, con nombre propio (Estrella, Bonita, Guinda o Cereza), al ser ellas parte vital de la vida diaria como el único medio de transporte para las personas más humildes.
De paso corto y templado, pero firme, sin prisas, pero sin pausas, a lomos de las burras los alistanos viajaban a Zamora, se iban a las ferias o a las romerías de la «Virgen de la Luz» en Constantim, «La Riberiña» en Quintanilha, el «Cristo» de San Vitero o a la Virgen de la Salud en Alcañices o a buscar remedio a sus males en los «Curanderos de San Cristóbal» Simón y Domingo.
El Molacillo y el Ciego montado en el burro durante la mascarada de Sarracín de Aliste. | M. MARTHEZ
En cada casa había una burra mansa por lo que en la mayoría de los pueblos se superaban con creces el centenar de animales.
La jubilación y el fallecimiento de las generaciones nacidas entre 1936 y 1950 (Guerra Civil y Posguerra), unido al éxodo rural de los mas jóvenes, ha traído consigo el abandono de la práctica agroganadera y que la raza asnal haya dejado de formar parte de las estampas típicas del mundo campesino. En pueblos como Valer, donde en 1962 había registradas 137 burras mansas, en la actualidad queda un ejemplar.
En el municipio de Ríofrío de Aliste, donde en los años 60 del pasado siglo se rondaban los 500 ejemplares, ante la carencia de burras aptas para los rituales de Año Nuevo, la Asociación Nacional de Criadores «Aszal», que tiene como secretario técnico a Jesús de Gabriel Pérez, fue la encargada, a petición del Ayuntamiento y con ayuda de la Diputación de Zamora, de aportar tres de sus ejemplares de pura raza desde el centro de recuperación asnal de Santa Croya de Tera para salvaguardar las celebraciones: dos burros, uno alistano, «Lanzarote», nacido en Fonfría, y el otro sayagués, «Romero», nacido en Gamones, ambos muy bien adiestrados que cumplieron muy bien con la función, lo mismos que «Fausto» un «burdégano» (hijo de una burra y un caballo).
Riofrío de Aliste es el municipio con más mascaradas de la Península Ibérica y en todas ellas las burras forman parte de los rituales, unidas siempre a las andanzas del «Gitano» rememorando otros tiempos donde los gitanos errantes llegaban a los pueblos siempre acompañados de sus burras.
En el caso de «Los Carochos» de Riofrío son necesarias hasta tres caballerías diferentes: una pareja unida a un yugo es la que fue tirando del «Carro Agroganadero» donde iba la Filandorra (Luis Antón) y el del «Lino» (Alejandro Cabezas) guiados por el «Molacillo» (Antonio Antón). Otra la utiliza el «Gitano» (Marcos Rodríguez) para sus andanzas.
En Abejera de Tábara una vez más el «Gitano» (Alejandro Ratón Folgado) llegó al pueblo cabalgando y cumplió con el ritual de pedirle permiso a alcalde pedáneo, Ángel Andrés Ferreras, solo que no lo pudo hacer montado en una burra sino en uno de los burros errantes.
En Sarracín, dentro de «Los Diablos», los burros sacaron del apuro al «Ciego» (Eduardo Morán Morán) que los utilizó como medio de transporte y al «Molacillo» (Martín Casas Gallego) que fue tirando de él.

El «gitano» de Riofrío alimenta al burdégano en la mascarada. | CH. S. / Ch.S.
El problema no se centra ya solo en la escasez de burras, que también, sino que en el caso de que las haya estén lo suficientemente domesticadas y sean mansas y de confianza, pues suelen ser una especie muy dada a espantarse de cualquier cosa: «si de improvisos ven moverse alga dan un rudión y quien vaya montado acaba en el suelo».
El desarrollo de las mascaradas es todo menos tranquilo. Valga como ejemplo que durante la vida del «Curandero de San Cristóbal» (Simón Diez) la mayoría de las «Manqueras» que curaba eran las producidas por las caídas de las burras.
Orígenes
La especie asnal tiene su origen en el área mediterránea, siendo Oriente Medio y África donde la domesticación fue más temprana. En Europa ya existían asnos domésticos en el periodo del Bronce Final, hace aproximadamente tres mil años.
El asno zamorano leonés vivió sus momentos de mayor esplendor en el siglo XIX y principios del XX, cuando el cruce con yeguas daba lugar a magníficas mulas de las que dependía la labranza en muchos pueblos de Castilla y León.
En el año 1940 la Dirección General de Ganadería creó el Libro Genealógico, pero en los años 60 decayó hasta desaparecer. La raza entró en una grave crisis conservándose exclusivamente en sus áreas de origen, comarca de Aliste, y en algunos núcleos de cría del Ejército de Tierra y del Ministerio de Agricultura.
En 1980 es catalogada por el Ministerio de Agricultura como de Protección Especial y en 1987 pasa a considerase en «Peligro de extinción».
Fue en el año 1995 cuando nacía la Asociación Nacional de Criadores de Zamorano Leonesa (Aszal) para velar por su pureza, selección y fomento, convirtiéndose dicha entidad en la auténtica guardiana de la pura sangre. En 1998 la Junta de Castilla y León creaba el nuevo Libro Genealógico.
Por desgracia las burras han sido una de las primeras y principales víctimas de la despoblación galopante del medio rural, pasando en muchos pueblos a ser ya solamente una reliquia y un recuerdo del pasado.
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