Las turbulencias no cesan en la izquierda alternativa al PSOE. Quienes fueron juntos en las últimas generales, permitiendo revalidar el Gobierno de coalición, mantienen hoy fuego cruzado que impide unirse en una misma opción electoral, algo indispensable para que Pedro Sánchez pudiera tener cualquier mínima opción para mantenerse en el Gobierno. La ruptura de Podemos con Sumar y la serie de condiciones y exigencias cambiantes que ha planteado a IU, a quien aspiraba a recuperar como aliado principal, ha envenenado la relación entre los partidos.
El ejemplo más reciente es Aragón, donde cualquier opción de acuerdo para las elecciones convocadas el 8 de febrero saltó por los aires la semana pasada, después de que la dirección nacional del partido morado frenara el preacuerdo electoral alcanzado por su dirección autonómica en el territorio con IU Aragón.
En IU trasladan que el acuerdo estaba hecho y fue dinamitado desde Madrid. Mientras, desde Podemos Aragón tratan de rebajarlo a una mera propuesta y, aunque admiten que tenía su visto bueno, aseguran que siempre estuvo condicionada al beneplácito de la dirección estatal. El acuerdo en cuestión dejaba fuera a Sumar y cumplía así el principal requisito de Podemos, en guerra con el partido de Yolanda Díaz, que había condicionado cualquier pacto a excluir a Sumar.
La cúpula morada, sin embargo, fue más allá de este veto y fijó un nuevo requisito: quería que encabezar la lista por Zaragoza y que su candidata, María Goicoechea, liderase la coalición. Así lo trasladó la federación aragonesa de Podemos a Izquierda Unida, según fuentes conocedoras de esas conversaciones.
El propio secretario de Organización de Podemos, Pablo Fernández, mantuvo una reunión telemática con la federación aragonesa del partido que se produjo in extremis, el viernes por la tarde, para consumar el portazo al acuerdo y confirmar la decisión concurrir en solitario a los comicios junto a Alianza Verde, el partido ecologista nacido a la sombra de Podemos.
El argumento de Podemos es que en las últimas autonómicas de 2023, cuando también concurrieron por separado, lograron unos 6.000 más que Izquierda Unida. Sin embargo, en IU consideran que el argumento queda invalidado por la guerra abierta en la propia federación aragonesa, donde el único diputado de Podemos, Andoni Corrales, llevará a los tribunales al partido, al que acusa de incumplir su propio reglamento y no convocar primarias, al no permitir que se presentara ninguna opción más allá de la candidata oficialista, María Goicoechea, que fue ratificada con 613 votos de militantes.
Ante esta petición, Izquierda Unida propuso primarias para elegir a los candidatos, pero el partido morado rechazó esta opción, según apuntan desde IU, donde algunas voces critican que Podemos «no quiere acuerdo y diálogo, sino imposición«. El desenlace fue la ruptura. A consultas de este periódico sobre el pacto frustrado en Aragón, en la dirección de Podemos evitan hacer comentario alguno.
IU alcanzó después un acuerdo exprés con Movimiento Sumar, con quien concurrirán juntos. Desde el partido morado ha criticado el acuerdo con un partido sin estructura en el territorio, mientras en IU ironizan con la implantación del único socio de Podemos, Alianza Verde.
«La fórmula extremeña»
Las heridas van siendo cada vez más profundas entre Podemos e IU, y el camino va siendo cada vez más empedrado para futuros acuerdos. El caso de Extremadura, donde hubo un acuerdo de unidad que logró buenos resultados en las urnas, se confirma como una excepción lograda por su candidata Irene de Miguel, que plantó un órdago a la dirección nacional de Podemos y amagó con ‘independizarse’ en caso de que Madrid vetarse el pacto. Un pulso que no puede darse en ningún otro territorio, donde la cúpula ha situado a dirigentes afines que siguen las directrices del partido.
Fue en Extremadura precisamente donde Podemos se vio obligado a reformular su política de alianza. Si hasta entonces rechazaba pactar con IU hasta que saliera del Gobierno de coalición, después de aquel acuerdo defendió que la condición era el veto a Sumar para poder sellar pactos.
La «fórmula extremeña», tan repetida por los principales dirigentes del partido, incluye ahora también un nuevo requisito: que el candidato y cabeza de lista también sean de la marca Podemos. Un camino que va fijando el terreno para las próximas generales, donde Podemos tiene como candidata a Irene Montero, un perfil muy duro con el resto de fuerzas de izquierdas.
Castilla y León y Andalucía
La ruptura entre Podemos e IU tuvo su excepción en Extremadura, pero los buenos resultados de aquella coalición tropiezan ahora con una serie electoral donde no hay visos de que puedan volver a entenderse. La siguiente cita electoral es en marzo en Castilla y León, donde el panorama parece aún más difícil. Si en el caso de Aragón ambas fuerzas tienen opción de lograr representación, en el escenario castellanoleonés la división dificultaría extremadamente la entrada en Las Cortes.
En 2023 hubo coalición entre ambas fuerzas y lograron un diputado, Pablo Fernández. Ahora, Podemos quiere que encabece la lista por Valladolid su nuevo coordinador autonómico, Miguel Ángel Llamas. La federación de IU en ese territorio había alcanzado un acuerdo con Movimiento Sumar para concurrir juntos a las elecciones, pero los buenos resultados de Extremadura llevaron a posponer la votación para ratificarlo. Sin embargo, no parece haber avances al respecto.
Menos opciones aún parece haber en Andalucía, donde IU, Movimiento Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz alcanzaron un acuerdo para ir juntos en coalición, con Antonio Maíllo como cabeza de lista. Frente a esta opción, Podemos apuesta por el ex guardia civil Juan Antonio Delgado, que ya intentó ser candidato andaluz en 2022 pero finalmente cedió a que liderase Inma Nieto. Una cesión que no tiene visos de repetirse, en una hoja de ruta que sitúa a Podemos rumbo a concurrir en solitario en las próximas generales, dinamitando cualquier opción de revalidar el Gobierno progresista.
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