No hay desafío imposible para el Levante, por mucho que la Primera División se empeñe en enredar su escalada hacia la permanencia después de haberlo hundido en el fondo de la clasificación. Los dos meses y medio sin triunfos en su casillero han torcido su rumbo, generado temor en el ambiente y dado la sensación de que su porvenir está abocado a un nuevo descenso. Sin embargo, el punto obtenido contra la Real Sociedad le da moral y, sobre todo, la percepción de que la salvación, por difícil que parezca, se puede conseguir. Y más, para un Levante acostumbrado a desafiar la lógica, a superar obstáculos y a resurgir cuando nadie apuesta por su condición de infranqueable.
Seis puntos, aunque con un encuentro menos (el aplazado contra el Villarreal), son los que separan al conjunto de Orriols de las posiciones que otorgan una ronda más en la élite del fútbol español. La distancia infunde respeto y el convencimiento de que, para salvar la categoría, será inevitable hacer un sobresfuerzo. A falta de dos jornadas para finalizar la primera vuelta, el Levante entrará en 2026 siendo el colista de la competición y en las quinielas de candidatos a descender, pero, más allá de la llegada de Luís Castro al banquillo, y de los cambios que se prevén en la plantilla a lo largo del mes de enero, el vestuario afronta el nuevo año convencido de que la salvación no es un reto inalcanzable. Es más, hay precedentes que lo confirman, aunque no son abundantes. Durante el siglo XXI, con sus 25 temporadas a sus espaldas, solo siete saben lo que es quedarse en la élite a pesar de acabar el año con la amargura que produce situarse en la cola de la tabla.
El precedente más reciente, precisamente, procede de la avenida de Suecia. De hecho, y casi de forma indirecta, el Levante busca una reacción idéntica. El Valencia, la temporada pasada, fue colista en el parón navideño y, en ese periodo, contrató a Carlos Corberán. Con 12 puntos en su haber, y a cuatro de la salvación, acabó el curso con 46 y en duodécima posición. No obstante, la permanencia del cuadro de Mestalla fue casi una excepción en comparación a la última vez que un equipo lo logró finalizando el año como colista. Hay que remontarse a las campañas 10/11 y 11/12 para encontrar el suceso que aspira a conseguir el Levante en la 25/26. Además, el protagonista fue el mismo: el Real Zaragoza. Hasta que el curso 12/13 se lo llevó por delante, en el año anterior acabó el año con 11 puntos, a 5 de la salvación, y finalizó la temporada con 43 para quedarse en Primera. Y, previamente, entró en 2011 como colista, a tres de la permanencia y con diez unidades en su poder, y acabó la campaña con 45.
Permanencias casi inalcanzable
Antes, Rayo Vallecano en la 01/02, y Real Sociedad en la 00/01, también consiguieron salvarse contra todo pronóstico. Los dos cambiaron de año a cuatro de la permanencia y los rayistas terminaron su temporada con 49 puntos, nueve por encima del descenso, y los donostiarras con 43, a dos unidades de diferencia con las posiciones que condenan a competir en Segunda. Las métricas que se barajan en Orriols son peores, ninguno de los mencionados anteriormente tuvo la salvación a seis puntos en el momento en el que se comieron las uvas, pero, en el curso 03/04, el Espanyol, que arrancó 2004 con pie y medio en la categoría de plata, reventó pronósticos para lograr una permanencia heroica. Entró en 2004 a nueve puntos de la salvación y esquivó el descenso por solo dos unidades. Por mucho que el desafío sea complicado, el Levante tiene precedentes a los que agarrarse, aunque es consciente de que seguir un año más en Primera no será coser y cantar. Tocará trabajar sin descanso. Y, sobre todo, creer.















