El valencianismo tiene mucho que celebrar siempre y cuando Lim y sus esbirros o Minions, que para el caso es lo mismo, se queden al margen. Y espero que esa maravillosa familia valencianista logre todo aquello que desea en sus vidas, pero sobre todo, lo haga con las personas que quieren y les quieren. Más allá de este deseo sincero para un colectivo de gente que, en su generalidad, aprecio porque tenemos el mismo camino como seguidores de nuestro amado equipo, quiero matizar algunas de las cosas que se han ido dando en estas dos semanas de infamia futbolística y valencianista.
Hay que ser desvergonzado para venir hasta aquí y decir que estamos en el buen camino para jugar en Europa y que este es el objetivo. Tener la cara dura, estar ciego, sin ingrato o hacerse el gracioso ante nuestras narices: con un equipo que está prácticamente en descenso a mitad de temporada otra vez, con un proyecto de club inexistente y con una decadencia visible. Es cierto que ya no podemos apelar a la grandeza histórica porque la realidad de la última década nos demuestra que este Valencia CF es otra cosa, casi hijo de una refundación que tiene como punto de partida la primera división, pero que coquetea con el descenso como realidad permanente. Soy consciente de esto y al final debemos asumir que este equipo no luchará por nada en muchos años. Otra cosa es que nos vuelvan a intentar mentir (no lo consiguen) con promesas de crecimiento y ahí ponen la barbarie de un estadio nuevo, que es una lacra en todos los sentidos para la ciudadanía valenciana (no solo valencianista), como parapeto.
Corberán, en la zona técnica de Mestalla en el último duelo del curso, el del pasado viernes ante el Mallorca / LaLiga
Ese estadio nuevo, esa obra maestra de la chapucería general, será la llave de los futuros éxitos: aquí sí se acuerdan del aficionado, de lo lujosos que serán los palcos VIP hacia los que intentan atraer, con mediocre seducción: y digo mediocre porque si el equipo no vale una castaña, si no hay jugadores que ofrezcan algo más que ímpetu y voluntad, si incluso estamos en segunda o luchamos por no bajar, esos palcos VIP acabarán siendo salas de almacenaje de vete tú a saber qué, quizá de bolsas de cotillón de temporadas pasadas o de fiestas privadas. Son tan cenutrios que no reparan en pensar que la desafección social es muy complicada de contrarrestar, como está ocurriendo en la política, por ejemplo. Son tan presuntuosos que piensan que la gente vive toda de la fachada que da tener un estadio de tres estrellas y media (por mucho que me quieran vender lo contrario) y que esto nos cambiará la vida: miren, lo que recaude ese nuevo campo no irá a reforzar un equipo, sino a pagar más deudas, así de claro lo digo. Y sus mentiras que se las metan por el matasuegras, si les cabe. Me he cansado de tanta desfachatez a la hora de tratar con nuestra paciencia y nuestra inteligencia. Por desgracia, el club es suyo: nuestra alma valencianista, al menos la mía y la de muchos, no.
Luego tenemos al míster Corberán, que estoy seguro que sabe un montón de fútbol, pero sus números son de descenso y de cese, se pongan como se pongan. Otra cosa es que yo lo pida, que no lo voy a hacer, pero tengo la impresión de que las fútbolecciones de Corberán no calan, ni sus eufemismos ni sus requiebros léxicos, ni sus “casi llegamos”, la realidad, la constatable realidad es que ahora no estás en descenso porque el Girona jugaba contra el Atlético de Madrid, y que no le ganas a nadie porque juegas de manera burda, mediocre, aburrida, previsible y sin ganar nada ni en un área ni en la otra. Eres de los más goleados y de los menos goleadores; tienes una media de menos de tres disparos a puerta por partido, el porcentaje de acierto de pase es de chiste, tus prestaciones a balón parado son casi un delito y escuecen en los ojos…¿sigo? ¿para qué: lo vemos todos cada jornada? Creo, sinceramente, que muchos vemos los partidos a veces por la inercia emocional, pero lo que ofrece es malo, muy malo.

Pepelu durante el Valencia CF – RCD Mallorca / LaLiga
Cosa curiosa es lo de Gourlay y su sacar pecho a toda hora con su trayectoria. De momento ha hecho tres cosas y solo le aplaudo por una: darle salida al peor director deportivo que he visto nunca en mi vida y que no pienso nombrar porque ni lo merece. Las otras dos son: confeccionar una primera plantilla muchísimo peor que la que un año antes casi baja y plantear la contratación de nuevos nombres como…¿Sadiq? Sinceramente, me parece una tomadura de pelo. A mí me sobran casi la mitad de los que vinieron y con ese dinero hasta podría haber venido Sadiq en su momento…pero no, cuando todos veíamos que no tenía sentido traer al voluntarioso Lucas Beltrán como alternativa al delantero donostiarra. Pero lo hicieron. Olé sus… bolas de navidad ¡Claro que sí! Todo tiene una lógica impepinable: este es el nuevo Valencia CF que va a construir Gourlay, el ganatorneos, así que es posible que muchos de los nombres que ya sonaron, desde siempre, vuelvan a entonarse, porque “estamos trabajando en ello…” que dirían por ahí.
Y finalmente, quiero que valoremos los últimos productos futbolísticos de la Academia, que me parecen muy sobrevalorados: yo veo a los chavales que saca el Barcelona, el Celta, el Villarreal y el Betis, por ejemplo, y me parecen bastante más futbolistas que los que aquí sacamos, más allá de que Javi Guerra (ausente, otra vez, de todo) fue descarte del Villarreal, de que Diego López fue descarte de media España, de que Jesús Vázquez se ha quedado en un jugador simplemente apañado, de que Cristian Rivero es un portero que ni fu ni fa ni crees en él y de que Tárrega es lo que es y salió del Levante previamente. Ninguno es un jugador que marque diferencia alguna: no hay un Carlos Soler, un Gayá, un Kang In Lee o un Ferrán (olvídate de un Isco, Silva, Bernat o Alba: todos pescados de otros sitios, eso sí), por poner algunos ejemplos de jugadores que sí han tocado el top futbolístico en algún momento. No sacamos chavales que marquen diferencias (Mosquera veremos y a Yarek le queda mucho todavía), que te cambien un equipo y la muestra la tenemos con Guerra, cuya trayectoria es muy mediocre pero lo hemos ensalzado porque ha dado algunos detalles de calidad: sus números son míseros en tres años y sobre esto no se puede construir un equipo. Esto es síntoma también de la decadencia de un equipo, no lo dejemos apartado en un cajón. No es culpa de los chavales, sino de las planificaciones que se han llevado a cabo y de los criterios de selección para el primer equipo, demasiado marcado por las urgencias. Ahora mismo, Jan Virgili (cantera Barça) me parece muchísimo mejor jugador que Diego López, por muy bien cuidado que esté de la prensa; pienso lo mismo de Víctor Muñoz (producto de la cantera merengue) y muchos otros que ya está saliendo en primera división. Esto no significa que el guajín sea malo, ni mucho menos: solo digo que es un jugador normal, que no marca diferencias en esta categoría. Y esto les ocurre a todos los que permanecen en el primer equipo. Y sí, marcará algún golito más y todas esas cosas y todo el mundo te echará en cara ¿qué? ¿a dónde nos tienen sus goles y asistencias? ¿es mejor porque marque cinco o seis goles en primera?

Danjuma, disparando ante el Sevilla / E. Ripoll
Un año más tarde volvemos a tener un horizonte similar al anterior: un técnico que no saca nada de su equipo, una plantilla peor que la pasada y en zona de descenso, números y juego pobre y chabacano, una dirección deportiva haciendo las mismas barrabasadas y los mismos fichajes mediocres, una directiva mintiendo como si no hubiera mañana, una propiedad poniendo el anuncio del nuevo estadio como si esto, de por sí, nos alegrase y nos cambiase la vida, una Academia que no modela jugadores para el primer equipo sino que los lanza y a ver qué pasa… y un equipo, el Valencia CF, que ya no es lo que era, ni lo volverá a ser mientras todos estos sigan con su mismo cuento por Navidad.
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