Murió Anthony Bonner, a los 97 años, el gran divulgador de Ramon LLull, uno de los lulistas más importantes. Fundador del GOB que había nacido en Nueva York. Vino a Europa para estudiar música pero pronto daría un golpe de timón hacia otros derroteros. En Toni Bonner era vecino de Santa Catalina y su hija Aina cuenta que con el francés que sabía, antes de los 60’s ya hacía traducciones de los trovadores galos. Luego, y nada más llegar a la isla, fue a LLibres Mallorca y «casi a escondidas» le vendieron libros para aprender catalán. Eran tiempos de dictadura. Toni dirigiría pronto su serena mirada hacia el entorno natural. La botánica y la defensa del territorio y como gran reto encaró la vida y la obra de Ramon LLull a fondo como todo lo que hacía este hombre sabio y discreto.
Por descontado que no les voy a descubrir nada, pero me gustaría dejar escrito que la última vez que encontré a este buen amigo fue paseando por el bosque de Bellver y ya hace unos años pues últimamente ya no salía. Bonner no era un autor o un conocido de Llibres Mallorca (de la familia Moll), era casi un miembro de ese clan y ha marchado unos pocos días antes que su amigo Víctor Moll Marquès, mi compañero en la librería donde fui encargado de 1997 hasta 2012. Víctor también se ha ido en silencio. Hombre honesto y sin ganas de figurar en ninguna parte, pero otro personaje irrepetible que engrasaba las máquinas y las hacía funcionar, día tras otro, desde el más voluntario de los anonimatos. Lo había conocido en mi adolescencia (ahora bajaré ostensiblemente el nivel, sabrán disculparme), yo iba al antiguo local y ante la mirada atenta de Xisca Moll, Bernat Homar (que era mi librero) me proporcionaba muy religiosamente los libros de Bukowski que me faltaban o que habían salido y allí en la retaguardia encontré a ese irónico ermitaño del libro que incluso muchas libreras y libreros no han conocido. Un hombre muy divertido, mucho, y que con los años sería mi compañero mañana y tarde. Víctor fue uno de los últimos libreros de esta ciudad. Ni el programa informático de la librería era importado, era de su cosecha, intransferible y funcionaba como un reloj. Dominaba todos los engranajes de cualquier cuestión que afectase a la tienda y a su buen funcionamiento.
El sector se ha aguantado por personas de este mismo talante y que nunca salen en ninguna parte. No le gustaba para nada estar cara al público pero ha sido el misántropo más amable y simpático que he conocido, y un personaje que se movía en la librería, arriba y abajo del almacén, como un marinero de la cubierta a la sentina y viceversa, amante del mar como era. Cuando Toni Bonner entraba el tiempo se paraba y Víctor dejaba por un momento las «máquinas», entradas y salidas de género interminables (en los noventas y principios de siglo), para subir a saludar a su amigo.
Víctor Moll había dejado su trabajo de químico en Alemania a petición de su padre, F. de B. Moll, para reforzar la empresa familiar con un punto de vista más pragmático. Era de esas figuras que siendo de ciencias acaban teniendo el nivel extraterrestre de los que casi lo abarcan prácticamente todo. Un auténtico lujo estar en medio de esas improvisadas tertulias. Solamente dejaba el despacho si aparecía Bonner o algún día salía a tomar un café si sus amigos, Pere y Telm, aparecían para sacarlo un rato de la rutina. Moll, antes prefería conversar con un cánido que soportar a un nobel frustrado, incomprendido e injustamente aún no descubierto. Una hermosa secta con cada día más adeptos.
¿Y este qué nos está contando?…entiendo que se lo pregunten. El mundo que se va deshaciendo con la paulatina desaparición de estos protagonistas es un medio prácticamente imposible de repetir. Bonner siempre sumando con una modestia estremecedora que ha acercado la obra de Ramon LLull al público como nadie lo había hecho antes. Discreto y silencioso con un trabajo a sus espaldas que da vértigo. Ha marchado horas antes que su amigo Víctor, otro que movía montañas, un día tras otro, para que ese no fuese el último en un sector complicado. Las personas más amables y humildes en el mundo del libro suelen ser las que más saben y callan y las que no participan demasiado del circo. Con Víctor hemos remado en un mundo al revés, cuando las cosas se ponían feas terminabas llevando a cabo alguna de sus ocurrencias que siempre eran acertadas y alguna vez incluso muy divertidas. Y encima, querido amigo, todo lo que vaticinaste que pasaría ha pasado. Todo. Algunas no las pondré sobre el papel pero me acordaré siempre.
No me quito de la cabeza cuando el 2006 dejaste la librería y te jubilaste. Me comunicaste con antelación una de tus reflexiones: «demasiados cambios en el sector, se lo van a cargar todo y esto ya va a ser otra cosa bien diferente…» refiriéndote al azotado mundo del libro. Decías que marchabas con alegría en ese momento para no verlo y así lo hiciste y has tenido la razón al cuadrado. Al sector ya no lo conoce ni su madre y los vendedores de humo lideran los cotarros habidos y por haber. En estos días de implosión librera tengo la gran suerte de haber sido amigo de dos figuras únicas. Os voy a tener siempre como la mejor referencia mientras esto dure que uno ya empieza a remar con demasiado esfuerzo. Lo de ir a contracorriente puede llegar a agotar.
Descansad en paz, orgullo de vuestras familias. «La amistad es una primavera que nunca termina». H.D.THoreau.













