Un nuevo centro artístico va a marcar un hito en España al estar concebido por y para el arte digital. La sala Vortex de Bellver Blue Tech Zone, en Oropesa, ha sido diseñada para que esta disciplina artística pueda desplegar sus alas y mostrar todo su potencial en espacios inmersivos donde ya no existe la línea que separa la pieza del público: el público está dentro de la pieza. El espacio se ha inaugurado hoy con ‘The Rhythm of the Ocean’, la pieza creada in situ por Desilence con música de Suzanne Ciani y comisariado por Antònia Folguera.
El centro es pionero por varios motivos. Vortex es la primera sala que permite a los artistas diseñar sus piezas sobre este lienzo que es una gran pantalla de 360 grados donde se permite modificar el color, a diferencia de las experiencias inmersivas habituales que se basan en proyecciones. En segundo lugar; el espacio funciona como una residencia artística, por lo que los diseñadores pueden estar en la sala y en el complejo cultural tanto tiempo como necesiten ajustando su obra. Por último, su concepción es revolucionaria: nace como espacio creativo compartiendo instalaciones con la fundación Azul Marino de investigación oceánica, vinculando el arte a la ciencia como manda la tendencia internacional.
Antònia Folguera y los artistas Desilence en Bellver Blue Tech Zone. / AS
De ahí que la propuesta de Desilence encajara desde el principio en los fundamentos de Vortex. Detrás del nombre artístico se encuentra Tatiana Halbach y Soren Christensen, que llevan más de 20 años creando piezas digitales y han logrado crear un lenguaje propio y reconocible. En ‘The Rhythm of the Ocean’, someten al espectador a un viaje al fondo del mar en todo su esplendor, desde la calma más agradable hasta su voracidad más temible.
El público, inmerso en estímulos y sensaciones, se mueve con las olas al ritmo de una música compuesta por Suzanne Ciani, pionera de la electronica que lleva más de 60 años diseñando sonidos desde California.
«Con los artistas correctos, que saben trabajar en estos entornos, logran que se pierda la perspectiva y esta experiencia es lo más cercano a la realidad virtual sin usar las gafas de realidad virtual; no es un arte que se viva de frente, se vive desde dentro«, asegura Folguera, que ha comisariado esta obra.
En este sentido, también ha destacado que la sala sea cilíndrica, que juega con la pérdida de la perspectiva y se puede trabajar con una gran resolución y nitidez gracias a los 66 millones de píxeles que componen el lugar.

Un frame de la obra de Desilence dentro de la sala Vortex, donde se pierde la perspectiva del suelo, paredes y techo. / AS
Arte, tecnologia y sostenibilidad
La sala Vortex está integrada en un proyecto más grande y ambicioso. Bellver Blue Tech Zone es un complejo creativo, cultural, residencial y gastronómico, destinado a encuentros corporativos o formativos, que busca posicionarse como una de las cinco ‘Zonas azules’ del planeta, regiones geográficas donde la gente vive significativamente más tiempo y mejor, con una alta concentración de personas centenarias gracias a un estilo de vida sosegado, sostenible y saludable, fomentando las relaciones sociales y evitando el estrés.
En ese marco, Vortex quiere entrar en el circuito internacional de arte digital, destacando su privilegiada ubicación frente al mar Mediterráneo, ademas de su versatilidad y capacidad tecnológica para poder despuntar en las creaciones digitales que se están realizando en estos momentos.
Suscríbete para seguir leyendo















