SALUD MENTAL | «Ojalá no me despierte mañana y ya está»: así repara el hospital madrileño Gregorio Marañón la salud mental de las víctimas de violencia de género

«Tenía muchísima ansiedad y ya me estaba afectando el desempeñar mi trabajo diario», cuenta Rose, nombre ficticio, que durante años arrastró un sufrimiento silencioso que empezó a desmoronar su vida. Los ataques eran tan intensos que «llegaba a perder la vista, pensaba que me moría, iba a más, a más, a más…» hasta el punto de confesar que «pensaba que ojalá que no me despierte mañana, quizás me quedo dormida y ya está, porque el sufrimiento era demasiado». Mónica, también nombre ficticio, recuerda que «estaba con muchos miedos, inseguridades y dudas». «Me sentía fatal, no podía cerrar los ojos, imposible, no podía dormir, no podía descansar, estaba aterrorizada, con muchos miedos», resume sobre aquellos días en los que la violencia machista desbordó por completo su salud mental.

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