BAJA LA CAPTURA DE CO2

Los árboles actúan como grandes depósitos de dióxido de carbono. Por eso precisamente se han erigido como una de las soluciones casi mágicas para salvar las ciudades: ayudan a limpiar la atmósfera de la polución de los vehículos, de los aires acondicionados, de las calefacciones, e, incluso, de las industrias. En resumen, mejoran el aire que respiramos. Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un ejemplar adulto puede capturar hasta 150 kilos de CO2 cada año. Y también pueden absorber monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, azufre, nitrógeno, y partículas nocivas de cadmio, níquel o plomo.

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