Salidos de las filas socialistas, por Pilar Garcés

Creo que en las próximas elecciones voy a votar a quien me diga la concejala socialista de Torremolinos acosada sexualmente durante más de cuatro años por el secretario general de su partido en la localidad, Antonio Navarro. Esta malagueña consultaba cosas de la acción política del municipio y recibía respuestas del estilo «que te quiero meter ficha», «es que estás muy buena», «yo sé cómo quitarte el dolor de cabeza», o «iré depilado por si tienes un desliz». Un día ese jefe le mandó medio centenar de mensajes chabacanos en cinco horas, de noche. Cuando ella le amenazó con denunciarle porque le agarró el culo, él la esperó en la puerta de su casa, porque «tendrás que tirar la basura, ¿no?». Al final, después de avisar al partido por los canales pertinentes y recibir abulia por respuesta, se ha ido al juzgado. Si esta mujer harta de aguantar mecha y abandonada por los suyos me asegura que el PSOE es el partido del feminismo igual me lo tengo que creer. Lo digo así, porque por lo visto Pedro Sánchez anda preocupado por el voto femenino no militante, el que le aupó a La Moncloa, y que estos días se muestra resentido, según las encuestas. Sánchez no sabe si habrá suficientes mujeres que le voten con una pinza en la nariz.

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