Las rayas de las estufas no son simple decoración, son ingeniería y diferencian tu radiador de una sartén

En pleno invierno, con el frío apretando en calles y hogares, las estufas vuelven a convertirse en protagonistas silenciosas de nuestras rutinas. Las encendemos casi sin pensarlo, confiando en que calentarán la casa sin mayor misterio. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano hay más ingeniería de la que imaginamos.

Es fácil fijarse en la llama, en la potencia o en el diseño exterior, pero pocas veces reparamos en esos detalles que parecen meramente estéticos y que, en realidad, son fundamentales para su rendimiento. Uno de ellos son esas pequeñas «rayas» o relieves metálicos que rodean muchas estufas y que pasan desapercibidos, aunque cumplen una función crucial.

La explicación del divulgador

El divulgador científico Damián Lorca (@explicalodamian) lo resume de forma clara en una de sus publicaciones: «¿Sabes para qué son estas rayas de tu estufa? Se llaman aletas y es lo que diferencia una estufa de una sartén. No son simplemente decorativas, y aunque se llamen aletas, no tienen nada que ver con la de los peces».

A partir de ahí, Lorca desmonta mitos y pone nombre técnico a lo que vemos cada invierno sin saberlo: las aletas disipadoras. Su propósito, explica, es aumentar la superficie de contacto para que el calor salga más rápido al aire. «El aire no conduce bien el calor, así que aumentamos la superficie de lo que toca. Cuanta más área, más calor se disipa», detalla.

El divulgador lo compara con algo mucho más cotidiano: los disipadores de los ordenadores, esos bloques de aluminio llenos de ranuras finas. «Un trocito más de superficie ayuda a enfriar», dice mientras los muestra. Y si además se añade un ventilador, el proceso se acelera, ya que el aire se mueve, arrastra el calor y permite que el sistema funcione mejor. «Esto se llama convección forzada. Un procesador típico de 65 W consigue disipar unos 20 W sin ventilador, pero con ventilador puede disiparlo todo y mantener la temperatura estable», señala.

Lorca subraya que este mecanismo no pertenece solo a aparatos complejos. Está presente en objetos tan comunes como una freidora de aire, una bombilla, un circuito electrónico… o una estufa. Cada ranura, cada relieve metálico, cumple un papel: aumentar la superficie para gestionar mejor el calor. «Así que recuerda. Cada vez que veas estas rayas, no son decoración, son ingeniería», concluye.

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Quizá a partir de ahora, cuando encendamos la estufa en una noche fría, la miremos con otros ojos. Más que una simple fuente de calor, es una pieza de ingeniería discreta que trabaja en silencio para hacer más llevaderos los inviernos. 



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