El barrio parisino de Le Marais, uno de los más emblemáticos y codiciados de la capital francesa, se prepara para sufrir una transformación, impulsada por la falta de vivienda.
París no es ajena a la crisis habitacional que se da en otras capitales europeas, y menos aún este histórico barrio, que sufre desde hace años una importante masificación: mucha demanda, poca oferta y una gran especulación. A pesar de las medidas adoptadas en los últimos años por las autoridades locales, centradas en la limitación de los precios del alquiler y en el aumento de los impuestos para los propietarios de varios inmuebles, nada parece suficiente para frenar la presión inmobiliaria, que ya afecta incluso a la vivienda social.
La posible solución, sin embargo, podría encontrarse en el romántico y señorial entorno de la Plaza de los Vosgos, concretamente, en el Hôtel de Fourcy. Desde 1930 el Ayuntamiento de París ha sido propietario de este inmueble ubicado en la turística plaza. Hasta 2019, el edificio albergó un instituto de formación profesional y las oficinas del Museo de Victor Hugo. Desde entonces, ha permanecido cerrado al público. Sin uso y sufriendo los efectos del paso del tiempo, las autoridades decidieron incluir el inmueble en la lista de posibles candidatos al programa de ‘Reinventar París: La cara oculta de la ciudad’, destinado a recuperar espacios públicos para darles un uso social.
La parisina plaza de los Vogos / EP
División y debate
Tras meses de intensos debates y fuertes divisiones de opiniones, el pasado 18 de noviembre, una votación dió luz verde a la transformación del histórico edificio Hôtel de Fourcy, donde vivió durante más de 15 años el poeta y exsenador Victor Hugo, en un conjunto de viviendas sociales.
El palacete Hôtel de Fourcy fue concebido como la residencia privada para la familia Fourcy. Su distribución es la clásica propia de los residencias particulares de los siglos XVII y XVIII. Durante años ha pasado por distintos usos, sin embargo, pocos imaginaron que algún día se convertiría en un lugar destinado a residencias sociales.
Esta decisión responde a la voluntad de transformar los espacios históricos sin uso en lugares donde los ciudadanos puedan sacarle provecho. Algo así como devolver a los vecinos a un entorno del que un día la presión inmobiliaria los había expulsado.
Antes de aprobar la transformación, el Ayuntamiento encargó un estudio de viabilidad que confirmó la posibilidad de convertir el inmueble en vivienda social, después de una restauración integral: aislamiento térmico, refuerzo estructural, sustitución de ventanas y puertas, entre otras rehabilitaciones. En total se estima que la renovación tendrá un coste de 7,6 millones de euros, incluidos 2,3 millones en subvenciones municipales, con la que se buscará un delicado equilibrio entre la conservación patrimonial y la funcionalidad.
Este proyecto pretende construir 17 viviendas sociales con una renta mensual media por metro cuadrado que oscila entre 6,93 €/m² y 15,16 €/m², diferenciánde el precio para aquellas personas con un perfil de extrema necesidad, bajos ingresos o personas con ingresos medios. Según adelantó el copresidente del grupo comunista en el Ayuntamiento de París y candidato a la alcaldía, Ian Brossat, estas viviendas sociales estarán reservadas a “cuidadores de niños” y “mujeres víctimas de violencia”.
Esta pionera transformación arquitectónica ha generado una gran controversia. Por un lado, sus defensores consideran la medida como «necesaria para que los ciudadanos locales regresen» a un barrio cada vez más castigado por el turismo de masas. Sin embargo, por otro lado, la oposición lo considera una idea “demagógica” e “incapaz de abordar las necesidades urgentes de vivienda de la clase media”.
Para la candidata a la alcaldía de París en las próximas elecciones municipales de 2026, Rachida Dati, se trata de un proyecto ideológico que supondrá una gran inversión para un número limitado de viviendas.
A pesar de las discrepancias, el Hôtel de Fourcy se prepara para iniciar las obras de remodelación en los próximos meses. Una transformación que no solo será arquitectónica, sino también afectará a la percepción sobre cómo se concibe el uso del patrimonio de las ciudades, en un momento en el que Francia tiene alrededor 2,7 millones de familias en lista de espera para una vivienda social, una cifra récord.
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