Si por algo destaca la exdeportista olímpica Almudena Cid es por su capacidad de expresar en público situaciones personales que, aunque ahora son más habituales, cuando ella las expuso quedaban más relegadas a un segundo plano.
Concretamente, fue una de las primeras deportistas en hablar de su bienestar emocional y las consecuencias de priorizar siempre el deporte ante cualquier otro aspecto de la vida, como las relaciones personales. Se trata de la autoexigencia que cada uno se aplica y que muchas veces arrolla con todo lo demás.
En su caso, compitió en cuatro finales olímpicas consecutivas y se convirtió en la única atleta en conseguirlo, aunque supo reinventarse tras el retiro y se adentró en las artes escénicas y la escritura.
Uno de los elementos que más le enorgullecen es su longevidad al máximo nivel. Así lo ha explicado en una entrevista reciente con ‘El Mundo’, donde también habla de la presión del máximo nivel competitivo y sus consecuencias en la salud mental, además de la exposición mediática y algunos aspectos del deporte femenino, como el entrenamiento de fuerza o las desigualdades históricas respecto al masculino.
Almudena Cid, pionera y referente
«He roto ese techo de cristal», comenta acerca de la restricción de edad existente en el deporte de alto nivel, ya que disputó sus cuartos JJ. OO. con 28 años, una edad avanzada en su disciplina, la gimnasia rítmica. Al retirarse, supo que tenía que buscarse la vida porque no es sencillo encontrar empleo entre los deportistas más allá del fútbol o el baloncesto, que están profesionalizados: «Cuando te retiras… es como si no hubieras trabajado», apunta.
Ella decidió cambiar la perspectiva de la vida post deporte de alto rendimiento desde el suicidio de la exesquiadora olímpica Blanca Fernández Ochoa, que se quitó la vida en 2019 tras sufrir en silencio muchos años de un trastorno bipolar.
No obstante, también piensa que se debe ir con cuidado con los deportistas más jóvenes, pues la exigencia del primer nivel puede robarles una parte indispensable de la vida, la infancia: «Intento transmitir que cuando eres niño y deportista, tienes que ser antes niño. Actualmente se están acelerando los procesos de profesionalización y creo que es un peligro», asegura.
Más allá, hablando de la vida tras la competición, cree que los deportistas de alto nivel que se retiran deberían tener un trato especial por parte de las administraciones. Su propuesta es la de incluir la carrera deportiva en la vida laboral para cambiar la perspectiva: «Creo que va a tener un impacto increíble en la sociedad joven. Porque van a querer hacer deporte más tiempo, vincularse y verlo como una profesión».
Además, pide que se regularice y adapte mejor el acceso a la condición de autónomo de los deportistas porque con la norma actual es muy complicado que alguien joven llegue a poder darse de alta: «Desde 2018 podemos darnos de alta como autónomos adelantando 5.000 euros a principio de año. ¡Gente que tiene una beca de 500! ¿Qué deportista de 18 años tiene ese dinero? No es sostenible. Queremos que las altas sean obligatorias por parte del CSD o quien corresponda», se posiciona.
Respecto a la salud mental, bendice los testimonios de gente como Ricky Rubio o Carlos Alcaraz, que ponen sobre la mesa la necesidad de desconectar del primer nivel de competición para centrarse en uno mismo: «Tiene que haber un momento en el que digas: ‘Vale, con esto está bien también’. Lo único negativo es que los deportistas tenemos el umbral del dolor muy alto y acabamos creyendo que la vida debe transcurrir siempre en ese nivel de exigencia. Yo estoy desaprendiendo esto», apunta.
La mesa en la que participaban Sandra Ros, psicóloga del Hospital Sant Pau, África Luca de Tena, de la Asociación de Afectados por Dermatitis Atópica, escritora y actriz Almudena Cid, y la actriz Paloma Bloyd. / / Sergio y Jimena
En su caso, encontró en la escritura un lugar al que acudir cuando necesitó gestionar sus emociones, una rama que adquirió de su familia: «Siempre ha sido mi sanación», revela. Sus obras han gozado de una muy buena aceptación, aunque asegura que no todo le ha salido bien en su vida, aunque la resiliencia adquirida durante su etapa como deportista de élite le sirve mucho para ponerlo en perspectiva.
Otro de los temas tratados es la necesidad de entrenar la fuerza, un aspecto que recientemente ha empezado a extenderse entre las mujeres, pues no era demasiado habitual en el pasado y en muchos casos imperaba el anaeróbico: «La fuerza es necesaria porque el músculo es lo que protege la estructura ósea. De hecho, cuando pierdo fuerza, me salen lesiones», comenta.
En este sentido, asegura que el deporte profesional femenino ha cambiado mucho y que se tiene mucho más en cuenta la realidad de las mujeres hoy que en su época: «Yo tenía el periodo y no lo decía nunca. Ibas a entrenar estando mal. Tú, con tu dolor de ovarios, entrenando con sonrisa porque la música era alegre. Ahora lo pienso cuando estoy un poco revuelta y me tumbo un rato acurrucadita. Eso era impensable entonces».
También fue una de las que expuso las diferencias entre el equipamiento deportivo entre los hombres y las mujeres y una de las impulsoras de los tallajes femeninos en, por ejemplo, los chándales o las equipaciones olímpicas, todo ello pensado para el cuerpo masculino en aquel momento: «Yo iba siempre en zapatillas y chándal, y me decían: ‘A ver si te arreglas un poco’. Y ahora ir en chándal y zapatillas es ‘cool'».
Finalmente, remató con el tema del estrés, que es una de las lacras más extendidas en la sociedad moderna, impulsada por inputs constantes que nos llegan desde todas partes y Almudena Cid no es una excepción. Para combatirlo, apunta que lo que hace es respirar: «Es mi forma de calmarme. Yo descubrí que al retirarme que empezaba a respirar por la boca y me ponía muy mala, con placas. Cambié a la respiración nasal, con control, como hacía antes, y enfermaba menos», indica la mejor gimnasta española de siempre.













