Este miércoles ha fallecido Juan Carlos Lezcano, leyenda del Elche, a la edad de 87 años, cumplidos la semana pasada. Con su marcha se va uno de los mejores futbolistas de la entidad franjiverde y una persona muy querida por su carácter, que le hizo convertirse en un ilicitano de adopción. La capilla ardiente queda instalada en el Tanatorio de l’Aljub, a la espera de darle el último adiós durante la jornada del jueves.
Lezcano, nacido el 5 de noviembre de 1938 en Asunción (Paraguay), llegó al Elche y a la ciudad de las palmeras en 1962, como uno de esos fichajes recomendados por el intermediario Arturo Boghossian, muy vinculado a la entidad que por entonces presidían José Esquitino Sempere y Manuel Martínez Valero. De padre futbolista, ya tenía bagaje en Sudamérica antes de lucir la franja verde, tanto en su país (Olimpia) como en Argentina y Chile (Universidad Católica y Santiago Morning).
Su impacto en la ribera del Vinalopó fue inmediato, aclimatándose perfectamente a un equipo en el que convivía con dos compatriotas (Romero y Eulogio Martínez) y con varios futbolistas más que habían cruzado el Atlántico, casos del hondureño Cardona, el uruguayo Ramos o los argentinos Pellejero y Forneris.
El mejor Elche de la historia
Lezcano formó parte del mejor Elche de la historia, el de la década de los años 60. Disputó 253 partidos oficiales con el club ilicitano, en los que marcó 49 goles. 213 de esos encuentros fueron en Primera División, categoría en la que siempre militó como franjiverde, entre 1962 y 1971. Disputó, entre todos esos encuentros, la mítica final de Copa de 1969 que el Elche perdió contra el Athletic.
Lezcano, Vava y Romero, tres leyenda del Elche CF / CÁTEDRA PERE IBARRA
Tras finalizar su etapa como futbolista en el Elche jugó en el Eldense, el Peña 21 de Villena y el Crevillente, antes de colgar las botas y pasar a ser ayudante de Felipe Mesones en el propio Elche, al que entrenó en varias etapas (1977-1978, 1979-1980, 1988-1989 y 1994-1995) siempre como técnico interino.
En lo personal, Lezcano hecho raíces en la ciudad de las palmeras y quienes le trataron le recuerdan siempre con una sonrisa, como el más gracioso de aquella generación de oro del Elche, y con el mote cariñoso de «El Chino», por sus ojos rasgados. El club de su corazón le ha rendido diversos homenajes, entre ellos el nombramiento de la puerta 24 del estadio Martínez Valero con su nombre.
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