Chove en Santiago

Llueve en Santiago, y la piedra parece despertar de un sueño antiguo. Cada gota resbala por los muros como una caricia lenta, como si el cielo acariciara la memoria de la ciudad. En los soportales, los peregrinos se agrupan, envueltos en sus capas, en sus mochilas húmedas, en el silencio compartido que solo nace después de un largo viaje. No hay prisa, no hay destino más allá de este instante detenido entre la lluvia y la historia.

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