Un lavado de cara pendiente. A principios de los años noventa, Alicante vivía un momento de renovación obligada e incentivada por la celebración del V centenario de la ciudad, estímulo de numerosos proyectos con vocación de cambio. Uno era la regeneración del Casco Antiguo, entonces deteriorado ante la acumulación de casas abandonadas, la generalización de las drogas en la época más dura y todo lo que aquello conllevaba.
«Era Beirut después de la guerra», recuerda Gaspar Mayor. Quien fuera gerente del Patronato de Vivienda desde 1988 hasta su jubilación, hace ahora tres años, le propuso al alcalde José Luis Lassaletta intervenir en el Casco Antiguo. Era el 1990 y se iniciaba un proceso de compra de solares y edificios. Dos años más tarde, tras esta primera fase, se firmó el convenio del Plan Racha, siglas de plan de Rehabilitación y Arquitectura en el Centro Histórico de Alicante.
Inmuebles sin armonía estética en la plaza Quijano, en una imagen de esta semana. / Héctor Fuentes
Con una inversión inicial de 500 millones de pesetas, unos 3 millones de euros al cambio, para la compra de las primeras propiedades, «los objetivos del plan eran intervenir en espacios públicos, edificios dotacionales, fachadas, patrimonio monumental, dar ayudas a particulares, construir viviendas en solares e intentar que los vecinos no se fueran», recuerda Mayor, considerado el ideólogo de aquel plan.
El objetivo era invertir para que los vecinos no se fueran del Casco Antiguo de Alicante
El barrio tenía que cambiar y, con esta intención, se adquirieron edificios hoy conocidos como el Centro 14, donde el Ayuntamiento instalará en acabar el año dependencias que hasta ahora se ubicaban en el antiguo hotel Palas, propiedad de la Cámara de Comercio, que no le renovará el alquiler al consistorio. El máximo esfuerzo inversor llegó con el cambio de siglo, cuando se aportaron unos 8 millones de euros destinados a San Roque, El Portón, a los entornos de Santa María y San Nicolás y a los Pozos de Garrigós, entre otras zonas emblemáticas.
Lo que falló
El Casco Antiguo también se cerró al tránsito de vehículos a través de un plan ambicioso que, sin embargo, no ha dado todos los frutos esperados. Esta limitación no vino provocada, precisamente, por la falta de tiempo, ya que pese a que el plazo de ejecución finalizaba en 2004, hasta ahora se han seguido llevando a cabo actuaciones relacionadas. Las obras en el citado Centro 14 son un ejemplo.
Al Plan Racha le faltó una vertiente de dinamización económica, social y cultural para el Casco Histórico
Según el arquitecto Rubén Bodewig, miembro de la asociación cultural Alicante Vivo, al plan le faltó «una vertiente de dinamización económica, social y cultural», ya que «si se hacen edificios hay que invitar a la gente a que viva en ellos y a que trabaje en la zona».
Pero el intento de adaptar el plan a las necesidades vitales de los vecinos fracasó. Bodewig recuerda que el Plan Racha «coexistió con la época del apogeo del ocio nocturno del barrio, que expulsó a muchísima gente». Este auge continúa, aunque mucho más limitado por las normativas municipales. La última de ellas, la Zona Acústicamente Saturada en el entorno de Quijano, obliga a los hosteleros a cerrar antes sus locales pese a las quejas de los empresarios en un contexto en el que el equilibrio de intereses entre vecinos y restauradores es difícil de alcanzar.

Cableado en paredes y cruzando fachadas en el Casco Antiguo. / Héctor Fuentes
En cuanto al desarrollo del Plan Racha, Bodewig cree que «se descuidó la parte social, cultural y económica», es decir, «el hecho de crear ciudad, tan necesario en Alicante». Como ejemplo, recuerda que la rehabilitación del colegio San Roque, a las puertas del Raval Roig, no incentivó a las familias a vivir en el Casco Antiguo, dadas las problemáticas del entorno.
Hubo, también, otros males. Según el arquitecto y académico alicantino Santiago Varela, el Plan Racha «tuvo interés para las primeras corporaciones municipales que lo desarrollaron, pero ese interés se fue extinguiendo con el paso del tiempo». Coincide con él Miguel Louis, también arquitecto y director del Plan Racha durante dos años hasta el acceso de Luis Díaz Alperi a la Alcaldía, en 1995.
Los solares vacíos pueden ser aprovechados para hacer viviendas, ahora que tanta falta hacen
Louis afirma que cuando llegó en 1993 se encontró con proyectos «en marcha» como el del parque de La Ereta, la plaza de San Cristóbal o el Paseíto Ramiro. Según su visión, el principal fallo del plan fue «la cantidad de solares y edificios por reformar», así como la «escasa potenciación» de itinerarios como el que discurre desde El Postiguet hasta la Ereta, pasando por los Pozos de Garrigós, que «habría generado más comercio».
A su vez, cree que la falta de viviendas es «clamorosa». Así lo considera, también, Varela, que recuerda que «los solares pueden ser aprovechados, ahora que tanta falta hacen viviendas, y más aún en un sector de la ciudad que, aunque con accesos complicados, ocupa un lugar estratégico».
Proyectos paralizados
Gaspar Mayor lamenta que edificios como El Portón, «concebido para ser musealizado», se quedara «paralizado» tras una obra de 600.000 euros. «Es lo que más llevo en el corazón», admite. A día de hoy, el Ayuntamiento proyecta viviendas sociales para jóvenes en el entorno, aunque el retraso se alarga desde hace veinte años. Mayor también reconoce que el intento de generar cultura y comercio con tiendas de artesanía «no llegó a funcionar».

Un solar vacío en el barrio de Alicante. / Héctor Fuentes
A su vez, algunos edificios se quedaron sin comprar debido a dificultades económicas y de negociación con los particulares, «en muchos casos relacionados con herencias», y «se quedaron con el mal aspecto que ya tenían».
El principal fallo del plan fue la gran cantidad de solares y edificios que quedaron por reformar en la zona intervenida
La turistificación, «pese a sus contradicciones, ha sido positiva para el Casco Antiguo desde el punto de vista arquitectónico», ya que ha promovido la remodelación de muchos inmuebles. Sin embargo, este modelo de negocio «ha anulado la vida tradicional en el barrio», lamenta el antiguo gerente del Patronato, en alusión al encarecimiento de la vivienda, uno de los problemas más coetáneos.
Adversidades actuales
El presidente de la Asociación de Vecinos Laderas del Benacantil, Joaquín Gangoso, piensa que los problemas actuales «no proceden tanto de los proyectos diseñados como de la falta de aplicación de la normativa» municipal. Se refiere, en este aspecto, a la presencia de aires acondicionados en fachadas o de carteles luminosos, «atentados contra el buen gusto que, además, están prohibidos, pero ahí siguen pese a las denuncias».

Aparatos de aire acondicionado en fachadas exteriores. / Héctor Fuentes
Otro de los problemas estéticos son «las nuevas edificaciones, que no siguen el hilo conductor de las de toda la vida», lamenta el dirigente vecinal. A ello se suma la presencia de cableado, que contó con el compromiso de ser introducido en tubos pero sigue visible en fachadas y cruzando calles.
Los problemas no proceden tanto de antiguos proyectos como de la falta de aplicación de la normativa.
Pero si algo predomina en el Casco Antiguo hoy es la turistificación. La reactivación económica de la zona a través de este sector es actualmente su cara y su cruz. «Este patrón, y otras dificultades de las que viven el barrio, se repiten en los cascos antiguos de las ciudades europeas. Otra cosa es la manera de combatirlas, pero no hay recetas mágicas», afirma Bodewig.
Pese a sacar el barrio histórico de una decadencia evidente, el Plan Racha no pudo prever el fenómeno del turismo masivo. Y otras adversidades del momento, fuera por el diseño del plan o por una aplicación incompleta, también se quedaron sin resolver.
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