Una cifra preocupante en comparación europea
En 2025, únicamente el 72 % de los jóvenes de 25 a 29 años en España se encuentra en situación de empleo. Este dato, publicado por Funcas, se sitúa por debajo de la media de la UE‑27, que alcanza aproximadamente el 77 %.
La posición española es la 25ª de los 27 países de la UE en mayor a menor tasa de ocupación juvenil en ese tramo de edad. Solo superamos a Italia y Grecia.
Recuperación parcial, pero aún por detrás
El informe destaca que, aunque este porcentaje (72 %) mejora ampliamente frente al mínimo alcanzado en 2013 (58 %), todavía no recupera los niveles de 2007 (79 %).
En tramos de edad más jóvenes, los resultados son más críticos: los de 20 a 24 años presentan una tasa de ocupación del 43 %. En el grupo de 16 a 19 años, el porcentaje es apenas del 8 %.
Barreras estructurales y retos para los jóvenes
El estudio de Funcas apunta a varios factores que explican esta situación: la elevada temporalidad del empleo juvenil, salarios bajos en las primeras etapas, y un mercado laboral que no siempre aprovecha la formación de los jóvenes.
Además, un porcentaje creciente de jóvenes permanece inactivo —ni estudia ni trabaja—: el 14 % de los varones y el 18 % de las mujeres entre 25 y 29 años. Muchos siguen estudiando o buscan formación, lo que retrasa su incorporación plena al mercado laboral.
Implicaciones para la emancipación y el sistema laboral
La tardía entrada al mercado de trabajo y la poca duración de los contratos tienen efectos directos en la emancipación: vivienda, independencia y plan de vida se ven retrasados. Funcas advierte que esta situación podría afectar tanto a la cotización como a la jubilación futura.
¿Qué ocurre en otros países europeos?
Países como Lituania (84 %), Países Bajos (87 %) o Malta (90 %) muestran tasas de ocupación juvenil significativamente superiores a España. Esto evidencia que el problema no es únicamente coyuntural, sino que responde a modelos estructurales de empleo.
Hacia dónde mirar para la mejora
- Impulsar contratos de mayor duración y calidad para los jóvenes.
- Reforzar la formación práctica vinculada al empleo productivo.
- Facilitar la integración laboral de los jóvenes que prolongan sus estudios.
- Adaptar políticas de empleo juvenil a las demandas reales del mercado.
La cifra del 72 % no es solo un reflejo estadístico: es una llamada de atención. Si España quiere mejorar su competitividad y ofrecer oportunidades reales a las nuevas generaciones, debe afrontar con urgente determinación los obstáculos que siguen limitando la empleabilidad juvenil.










