Escondido en casa de Gülgün, esperando el momento de huir del país, Orhan se ha derrumbado. Consumido por la culpa, ha intentado buscar respuestas. “¿Por qué soy así, Gülgün? ¿Por qué estropeo todo lo que toco?”. El hombre ha admitido todos sus fracasos: no ha sido un buen padre, ni un buen hijo, ni un buen marido.
En ese momento, Gülgün ha reconocido que no ha sido un buen esposo, pero inmediatamente ha recordado al hombre del que una vez se enamoró: “Eras buena persona. Pero esa casa es muy dura. Sé las cargas y las presiones que llevas a cuestas”.
Roto por sus palabras, Orhan ha terminado de confesar la patética razón detrás de su venganza contra Kazim: lo hizo todo por una sola cosa, por sentir, aunque fuera una vez, que su padre estaba orgulloso de él.
Al ver al hombre poderoso convertido en un niño asustado y arrepentido, Gülgün ha dejado a un lado los años de dolor y humillaciones y se ha acercado a él y lo ha abrazado.













