La tortuga Jonathan está considerada actualmente como el animal más viejo de la Tierra, al menos de los que se conoce su edad. Y es que este año cumplirá nada menos que 193 años, según las estimaciones de los científicos. Es un caso realmente prodigioso que demuestra cuán larga puede ser la longevidad de algunas especies.
El ejemplar vive en la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, y pertenece a la especie tortuga gigante de las Seychelles (Aldabrachelys gigantea hololissa). Su biografía es larga y empieza a ser conocida cuando llegó, ya adulta, a esta isla en el año 1882 como regalo al futuro gobernador de esta colonia británica, William Grey-Wilson.
Los científicos, basándose en varios datos biológicos, consideran que en ese momento tenía al menos 50 años. Eso significa que en 2025 cumplirá 193 años. En concreto, lo hará el 4 de diciembre, pues en 2022 se estableció esta fecha como momento de su nacimiento, si bien de forma puramente simbólica, dada la dificultad de fijar esta efeméride con tanta precisión.
La tortuga Jonathan, a la izquierda, en una foto de finales del XIX / Agencias
El animal conserva un estado de salud bastante aceptable para su avanzada edad, aunque acusa ya ciertos achaques, según sus cuidadores. Ha perdido casi toda la vista debido a las cataratas que padece y también el olfato. Pero conserva un buen apetito, según certificó recientemente su veterinario, Joe Hollins, a Guiness World Records.
«Le encanta el plátano, pero tiende a obstruirle la boca. Los cogollos de lechuga, aunque no son muy nutritivos, son sus favoritos. También disfruta mucho de la col, el pepino, la manzana, otras frutas de temporada y las zanahorias, una buena fuente de fibra dietética que le encanta», añadió el veterinario.
Disfruta de los baños de sol
Las tortugas de esta especie (y, en general, todas las tortugas terrestres) tienen una vida ya de por sí sosegada, al menos a ojos de los humanos. Mucho más en el caso de un ejemplar tan longevo, que reduce al máximo su actividad.

La tortuga se dispone a comer un pastel preparado para ella / Agencias
Jonathan disfruta del sol y en los días de buen tiempo permanece con su largo cuello y sus patas completamente estiradas, fuera del caparazón, para absorber el calor y transferirlo al interior de su cuerpo, explica Rollins. En cambio, en los días fríos de invierno, se oculta entre las hojas o las hierbas del suelo y permanece allí todo el día, en busca de temperaturas más benignas.
Lo que no parece haber menguado con el paso del tiempo es la atracción sexual que siente por las otras dos tortugas con las que convive, con las cuales se le ve a menudo apareándose.
Si todo va bien, en pocos meses los cuidadores de Jonathan celebrarán su 193 aniversario por todo lo alto, con la mirada ya puesta en su no tan lejano 200 cumpleaños, un evento que todos aguardan con ansia.














