Sol, calas escondidas, cascos históricos con encanto y paisajes naturales que quitan el aliento. La Costa Blanca es uno de esos destinos que no decepciona y, por ello, desde Logitravel proponen no perderse las tres joyas turísticas que concentran lo mejor de la zona: Calpe, Jávea y Denia. Así que si eres de los afortunados que todavía tienes vacaciones, apunta estas recomendaciones.
Calpe: entre mar, sal y piedra
Si hay una imagen que define a Calpe, esa es la silueta del imponente Peñón de Ifach, una mole caliza que se alza sobre el Mediterráneo como un centinela de la costa. Declarado parque natural, es uno de los espacios más visitados de la Comunidad Valenciana. «Subir a su cima ofrece vistas inigualables, aunque basta con recorrer sus senderos bajos para sentir el contacto con la naturaleza y el mar», señalan desde la agencia de viajes online.
Calpe / Archivo
A los pies del peñón se encuentran algunas de las playas más bonitas de la zona, como la Playa de la Fossa o la Playa del Arenal-Bol, con aguas tranquilas y arena fina. Muy cerca, otro de los encantos naturales de Calpe aparece en forma de espejo rosado: las Salinas. Esta laguna natural donde habitan flamencos y otras aves acuáticas ofrece un paisaje diferente, sereno, perfecto para un paseo al atardecer.
El casco antiguo de Calpe es otro de esos lugares que merece la pena descubrir sin prisas. Calles estrechas, fachadas decoradas con cerámica y escalinatas coloridas dan paso a rincones llenos de historia. Entre ellos, destaca el Torreón de La Peça, una construcción defensiva que formaba parte de la muralla medieval y que hoy alberga el Museo del Coleccionismo.
«Callejear por el casco viejo es también una invitación a saborear la gastronomía local. El arroz del senyoret, el pulpo seco o los pescados al horno son algunas de las especialidades que se pueden degustar en los restaurantes tradicionales. Sin duda, Calpe reúne muchos de los imprescindibles para disfrutar de la Costa Blanca, tanto para quienes buscan relax como para quienes prefieren unas vacaciones activas junto al mar», añaden.
Jávea: entre tradición y naturaleza
A pocos kilómetros de Calpe, Jávea (o Xàbia, en valenciano) se presenta como una localidad costera que ha sabido conservar su esencia a pesar del crecimiento turístico. Aquí conviven el ambiente marinero con un patrimonio histórico muy bien conservado. El centro del pueblo está presidido por la imponente Iglesia de San Bartolomé, de estilo gótico isabelino, cuyas piedras cuentan siglos de historia. A su alrededor, las casas blancas, las tiendas de artesanía y los cafés con terrazas conforman una estampa tranquila y acogedora.

Una mujer teletrabaja en la playa de Jávea. / Miguel Lorenzo
A nivel gastronómico, una visita obligada es el Mercado de Abastos, donde los productos frescos del mar y del campo se mezclan en un ambiente auténtico. Aquí se puede comprar el mejor pescado de la lonja o degustar tapas de calidad entre los puestos, en una experiencia muy local.
Uno de los mayores atractivos de Jávea es, sin duda, su litoral. La playa del Arenal, con su paseo marítimo animado, sus aguas poco profundas y todos los servicios, es ideal para pasar el día en familia o simplemente descansar al sol. Pero para los que buscan paisajes más salvajes, el Cabo de San Antonio ofrece vistas espectaculares sobre el Mediterráneo. Desde aquí, los acantilados caen casi en vertical hacia el mar, y si el día está claro, incluso se puede ver la isla de Ibiza en el horizonte.
En este entorno se encuentra uno de los espacios protegidos más valiosos del levante español: el Parque Natural del Montgó. «Con su característico perfil de lomo de dragón, el Montgó alberga una biodiversidad sorprendente y múltiples rutas de senderismo. Desde suaves paseos familiares hasta ascensos exigentes, este parque es un paraíso para los amantes del aire libre y un complemento perfecto al turismo de playa», detallan dese Logitravel.
Denia: sabor marinero con historia
Llegar a Denia es adentrarse en una ciudad que huele a mar, a tradición y a buena cocina. Su Barrio de Pescadores, junto al puerto, mantiene la esencia de los antiguos pueblos marineros, con casas bajas, fachadas encaladas y redes secándose al sol. Aquí, la vida se vive despacio, al ritmo de las mareas y de los barcos que entran y salen del puerto.

Avistan más de un centenar de ballenas rorcuales en las costas de Denia. / Archivo
Pero Denia no solo es tradición, también es playa. Y de las buenas. Las playas de Les Marines, Les Bovetes y Les Deveses se extienden al norte del municipio, con kilómetros de arena dorada y aguas limpias para disfrutar en familia. Su acceso cómodo, su tranquilidad y su amplitud las convierten en una de las mejores opciones para quienes viajan con niños o buscan relajarse.
En el corazón de la ciudad, se alza el Castillo de Denia, uno de sus iconos. Esta fortaleza, construida entre los siglos XI y XII sobre un promontorio con vistas al mar, ofrece un viaje al pasado y, desde sus murallas, una panorámica espectacular de la costa. Pasear por sus patios, subir a las torres o recorrer su museo arqueológico es una forma perfecta de conectar con la historia local.
Junto al castillo se abre la Plaza de la Constitución, punto de encuentro de locales y visitantes, rodeada de bares, terrazas y edificios nobles. Aquí late el corazón de Denia, especialmente durante las fiestas populares, cuando la música, los pasacalles y los castillos de fuegos llenan las noches de verano.
Y si algo ha colocado a Denia en el mapa internacional es su gastronomía.» Nombrada Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO, ofrece una cocina basada en el producto de proximidad, el saber hacer tradicional y la innovación. El arroz a banda, la gamba roja de Denia o los salazones artesanos son solo algunos ejemplos de una carta que seduce a cualquier paladar», aseguran desde la agencia de viajes online.













