los cabos sueltos del nuevo Plan de Salud Mental de Sanidad

En la sanidad española hay mucha afición a los documentos. Pilas y pilas de protocolos, consensos y planes de actuación llenos de buenas intenciones que van acumulándose en los cajones año tras año.

Algunos de ellos marcan objetivos y plazos, establecen recursos y allanan el camino para que lo anden las administraciones, a veces con convencimiento, a veces por pura vergüenza.

Todavía no está claro de qué lado caerá el Plan de Salud Mental aprobado este viernes por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, que cuenta con las aportaciones y los parabienes, esta vez sí, de todas las sociedades científicas españolas de psiquiatría y psicología.

El documento es un marco de actuación para abordar el problema de la salud mental en España. Por eso, hace hincapié en alcanzar a colectivos vulnerables, como desempleados, víctimas de trata, abuso sexual o violencia de género, personas del colectivo LGBTIQ+ o aquellas con discapacidad o en situación de exclusión social.

«Este plan contará con la mayor colaboración institucional que ha habido hasta la fecha», sostenía la ministra de Sanidad, Mónica García, este viernes al anunciar su aprobación. Ministerios, comunidades, sociedades científicas, agentes sociales y hasta las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están implicados en su desarrollo.

En febrero, las comunidades del PP lo tumbaron basándose en las quejas de profesionales como la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, que apuntaba, entre otras cosas, que garantizar un mínimo del 90% de plazas de formación de especialistas cubiertas no era suficiente cuando se están cubriendo prácticamente el 100% ahora mismo.

También hubo quejas sobre la estigmatización de los pacientes que toman psicofármacos a la hora de hablar de deprescripción, y sobre la inconcreción del objetivo de desarrollar la formación en psicoterapia.

Algunos de estos puntos se han resuelto, otros se han eliminado. Pero, a pesar del consenso logrado en este trabajo, quedan algunos cabos sueltos por definir.

¿Mucha o poca financiación?

El Plan de Salud Mental 2025-2027 lleva aparejado una inversión de 39 millones de euros que serán dispuestos por las comunidades autónomas para gestionarlos como crean conveniente.

Mónica García ha señalado que «se suman a los 101 millones de euros destinados a la salud mental que se han invertido en los últimos años». Parece una cantidad importante, pero ¿es suficiente?

Fernando Chacón, vocal adjunto a la presidencia del Consejo General de la Psicología, explicaba a este periódico que «39 millones es una miseria», y apuntaba que, por ejemplo, para incluir un psicólogo en cada centro de atención primaria harían falta 200 millones de euros.

Por su parte, Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, recalcaba que con esa cuantía es «imposible que se llegue a todo lo que se quiere hacer».

«No tengo una bola de cristal», señalaba, pero la aprobación es un paso adelante para que las comunidades utilicen ese presupuesto «dentro de objetivos que puedan redundar en beneficio de los pacientes». Por ejemplo, con más profesionales de salud mental.

Plazas insuficientes

Este año se ofertaron 330 plazas de formación especializada en Psiquiatría y 48 en Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia, obligatorias para que los médicos graduados puedan ejercer dichas especialidades. También se ofertaron 274 plazas de Psicología Clínica, para psicólogos que quieran ejercer en hospitales públicos.

El plan de salud mental establece que las comunidades deben ofertar el 100% de los puestos de formación que tengan disponibles, pero, ¿son suficientes? En el Sistema Nacional de Salud hay 9 psiquiatras y 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, lejos de la media de 18 de cada especialidad en Europa.

Marina Díaz Marsá apunta a este periódico que «no hemos conseguido que el indicador de calidad sea aumentar el número de psiquiatras y psicólogos según los estándares europeos, pero bueno, al menos estamos trabajando en ese objetivo».

Por su parte, Alma Martínez de Salazar, presidenta de la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología apunta que ni siquiera se conoce el número de psicólogos clínicos que trabajan en la sanidad pública.

«El ministerio realiza periódicamente un estudio de la oferta y necesidad de profesionales médicos y de enfermería, pero no de psicólogos. No sabemos cuántos estamos trabajando, dónde hacen falta, qué previsiones de jubilación hay para los próximos años…»

Psicólogos clínicos infantiles

En 2022 se creó la especialidad de Psiquiatría Infantil y Juvenil, que antes estaba integrada en la especialidad de Psiquiatría. Ahora, el plan de salud mental hace mención al desarrollo de la especialidad de Psicología Clínica Infantil y Juvenil.

«Hace referencia a iniciar la negociación para su desarrollo, pero creemos que debería haber sido algo mucho más expeditivo», apunta Martínez de Salazar. «Es suficiente para que no se cuestione la creación de esta especialidad, que además lleva aparejada un consenso importante, pero no establece un camino».

Hay otra cuestión y es que, de crearse esta nueva especialidad, se tiene que asegurar que no se reconvertirán parte de las plazas formativas actuales de Psicología Clínica en plazas de Psicología Clínica Infantil y Juvenil, sino que estas deberían crearse sin demérito de la especialidad actual.

Regulación de la psicoterapia

Uno de los puntos más polémicos de la anterior redacción del plan, la que fue tumbada en el Consejo Interterritorial del pasado febrero, fue la mención a la «regulación» de la psicoterapia.

Nadie estaba muy seguro a qué se refería esa regulación. ¿Se refería a que los profesionales acreditados para ejercerla (psiquiatras y psicólogos, principalmente) tenían que formarse nuevamente para obtener un título que les permitiera hacerlo? ¿O que cualquier profesional sanitario pudiera hacerlo mediante la obtención de un diploma y así, de paso, solventar la creciente demanda de atención a la salud mental?

«La psicoterapia en sí misma ya está regulada porque es una de las competencias de los psicólogos clínicos», afirma Martínez de Salazar, «y forma parte de los planes formativos de la Psicología Clínica y de otras especialidades».

En el plan actual se va a promover un grupo de trabajo para estudiar cómo sería esa posible regulación, impulsar su acceso y mejorar la formación en psicoterapia dentro de los planes de la formación sanitaria especializada. Pero, de momento, no hay nada concretado.

Qué pasa con la atención primaria

España es líder mundial en el consumo de ansiolíticos. Como señalaba Mónica García este viernes, «todo el mundo habla con una tranquilidad pasmosa de Lorazepam, este consumo se ha vuelto preocupante entre los chavales jóvenes».

Aunque la raíz de este problema es compleja, buena parte de las miradas se dirigen a dos focos. El primero, la escasez de psiquiatras en la sanidad pública que hace una primera cita se demore meses y meses.

El segundo, una atención primaria saturada con médicos que apenas pueden dedicar cinco minutos a sus pacientes y que, ante la imposibilidad de derivar en un tiempo razonable al especialista, opta por la vía rápida y prescribe un psicofármaco.

La psicóloga Martínez de Salazar cree, sin embargo, que este análisis «es rápido y simplista, requeriría un estudio más profundo, por qué no hay especialistas de Psicología Clínica en atención primaria que puedan atender trastornos leves de forma rápida y con poca demora».

Sin embargo, plan de salud mental 2025-2027 pasa de puntillas por la atención primaria, «pese a especificarse que tiene un enfoque comunitario para favorecer y potenciar todas aquellas acciones encaminadas a la prevención de los trastornos de salud mental».

Con todo, la presidenta de AEPCP se muestra optimista. «Veo voluntad en el ministerio para trabajar en este plan y hacerlo real. Hay muchas acciones que son relativamente sencillas de poner en práctica. El compromiso es de las comunidades, que tienen que trabajar por desarrollarlo al margen de cuestiones políticas. Todos podemos estar cómodos con este plan y seguiremos trabajando en él» para que no sea otro más guardado en un cajón.

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