Después de más de cuarenta años de guitarras al viento, letras con alma y escenarios conquistados, Medina Azahara volvía este viernes a dónde todo empezó: Córdoba, su tierra, su raíz, su inspiración. Y lo han hecho para despedirse como solo ellos podrían hacerlo, con un concierto que ha sido pura emoción, puro rock y puro corazón.
Antes de comenzar el concierto, un vídeo con artistas de la talla de Miguel Ríos, Antonio Orozco, La Húngara o India Martínez, o caras conocidas y queridas como el futbolista Cristian Carracedo,ha dado la bienvenida, con palabras de elogio más que merecidas que el público aplaudía y vitoreaba.
Después de ello, la cuenta atrás arrancó, con los corazones latiendo al ritmo de los segundos y la emoción a flor de piel. A llegar a cero, el tiempo se detuvo. En la pantalla, la historia comenzaba a narrarse: «Hace más de cuatro décadas, un grupo de jóvenes de Córdoba decidieron seguir su pasión. El legado, se queda en cada emoción que su música ha despertado». Y entonces, los acordes de Paseaba por la Mezquita rompieron el silencio. Un homenaje a su origen, a su esencia, a su tierra.
«Consigo la libertad y volar por donde quiero», continuaron cantando. Y vaya si volaron. Volaron sobre Córdoba, sobre los recuerdos de generaciones enteras que anoche les acompañaban, y sobre las lágrimas y las risas de una multitud que habría querido que aquello nunca acabase.
El de esta noche no ha sido un adiós cualquiera: ha sido un canto a la vida, a la música y a la eternidad de unas canciones que han marcado un antés y un después.
Con cada acorde, cada verso, el grupo ha repasado los himnos que han forjado su historia y la de todo un género. El público, entregado, no solo ha coreado las canciones… las ha abrazado como quien se despide de un viejo amigo. Un concierto con sabor a despedida pero también a eternidad, porque Medina Azahara puede decir adiós a los escenarios, pero nunca dejará de sonar en el alma del rock andaluz.