Si la serie ‘Dying for sex’ (Disney+, desde el viernes, día 4) resulta a la vez triste y divertida, luminosa y oscura, a veces todo ello realmente al unísono, es porque así de complicada es la vida que nos ha tocado vivir. Podríamos catalogarla como comedia dramática, pero esa etiqueta no acaba de aglutinar todos sus tonos y mil matices: la vida es el género. Sobre la tierra que pisamos vivió Molly Kochan, quien respondió a la noticia de la incurabilidad de su cáncer con un viaje de descubrimiento sexual que contó en detalle en un pódcast copresentado por su mejor amiga, la actriz y cantante Nikki Boyer.
En la serie conocemos a Molly (Michelle Williams) mientras hace terapia de pareja con su marido Steve (Jay Duplass). Desde que, tres años antes, le diagnosticaron un cáncer de mama cuya amenaza inminente se ha aplacado, las relaciones sexuales han sido un sueño imposible. Durante la sesión, ella recibe llamada de su médico sobre los resultados de una biopsia de cadera: su cáncer ha vuelto y ha hecho metástasis en los huesos. Steve casi parece sentirse aliviado; se siente más cómodo como mártir cuidador que buscando la libido perdida. Pero Molly le deja, busca el apoyo de su amiga Nikki (Jenny Slate) y se pone firme en tachar el único ítem en su lista de cosas por hacer antes de morir: tener un orgasmo con otra persona. Ya entrada en los cuarenta, trata de averiguar qué le excita y qué está dispuesta a hacer.
Temas universales
A los mandos de la serie encontramos a Liz Meriwether y Kim Rosenstock, creadora e importante guionista, respectivamente, de ese clásico de la telecomedia ‘milennial’ llamado ‘New girl’. No es la primera vez que se inspira en un pódcast para una serie: también estuvo al frente de la excelente adaptación de ‘The dropout’, sobre la (falsa) gurú biotecnológica Elizabeth Holmes. «Cuando descubrí el pódcast de Molly y Nikki, empezó una obsesión», dice en videollamada con EL PERIÓDICO. «Simplemente, no podía parar. Me sorprendió la valentía de contar esta historia particular hasta su inevitable final. También que combinara historias obscenas, que te sorprendían, hacían reír o pensar, con reflexiones sobre el tema más oscuro con el que se pueda lidiar». Según Rosenstock, «aunque la historia es muy específica, sus temas son universales; el sexo y la muerte son asuntos en los que todo el mundo piensa todo el tiempo».
La directora de casi todos los episodios es Shannon Murphy, revelada con una película, ‘El glorioso caos de la vida’, también cruce de humor y tragedia y con una visión nada típica de las historias sobre enfermedades terminales. «Cuando la vi me quedé por los suelos», recuerda Meriwether. «Era una película preciosa que compartía muchos temas con la serie. Y era tan viva… Shannon es muy viva haciendo cine. Siempre llegaba a cada escena con un punto de vista que no te esperabas». Kim: «No tiene miedo a la cámara. No tiene miedo a hacer cosas que, en principio, no se pueden hacer. No llegamos a usar esa parte en la serie, pero una vez le dijo a Michelle que apartara la cámara de un manotazo».
Una actriz generosa
Cuesta imaginar esta serie con una estrella que no sea la aguerrida, hipersensible y muy física Michelle Williams. Según Nikki Boyer, acreditada como productora ejecutiva, la antigua Jen de ‘Dawson crece’ captura a la perfección el espíritu de su mejor amiga. «Cuando la veía actuar o charlaba un rato con ella en el rodaje, era como estar enfrente de Molly. Recuerdo haberle preguntado cómo era posible que capturase cosas que no estaban en el guion y que era imposible que supiera. Me dijo que Molly hablaba a través de ella».
Jenny Slate, cómica y actriz que mejora todo en lo que aparece (sí, así es, eso incluye la memorable por los motivos equivocados ‘Romper el círculo’), brilla también muchísimo como una Nikki algo más desastrosa que la real. «En esta versión de la historia, Nikki está tratando de poner su vida en orden mientras todo se desmorona a su alrededor, y su relación con Molly le ayuda a crecer y a tomar las riendas de su destino», explica la verdadera Nikki. «Esto no es exactamente lo que sucedió, pero debo admitir que puedo ser un poco desastre y que en algún momento también he tenido un bolso sin fondo».
‘Dying for sex’ acaba siendo ante todo, quizás, una historia de amistad, o para ser precisos, de amistad femenina, algo único y especial: «Durante años han estado haciendo películas sobre mejores amigos, pelis de colegas, pero la belleza de nuestra amistad es insuperable. A veces nos confiamos cosas que ni siquiera contaríamos a nuestra familia o nuestras parejas. Vamos a lugares incómodos juntas y eso crea un nexo. Como mujeres, creo que ansiamos esa conexión y la buscamos las unas en las otras«.