“Fueron cuatro hermanos y regresaron tres” “¿Quién lo entendió?”. Así se recoge en el monumento que desde el pasado agosto honra en San Vicente de Alcántara (Badajoz) la memoria de José María Piris Carballo, el primer niño asesinado por la banda terrorista ETA, con solo 13 años, el 29 de marzo de 1980. Esas palabras son de su madre, Carmen Carballo Tomé, la primera de las veintidós madres que tuvieron que sufrir el terrorismo de la forma más dolorosa y cruel: la pérdida de un hijo menor de edad. Luego llegarían los cuatro niños muertos en el atentado de Hipercor en 1987 en Barcelona, los cinco fallecidos en la casa cuartel de Vic en 1991 (cuando un coche bomba reventó su patio de juegos), y otros muchos. Al fin y al cabo, la mayoría de los masacrados por ETA, niños y adultos, tenían madres que tuvieron que llorarles.
En tiempos actuales, las nuevas generaciones perciben el terrorismo de ETA o el yihadista del 11-M como alejado en la historia. Una encuesta del Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto ya recogía hace unos años que sólo el 53% de los alumnos declaraba conocer la identidad y la historia de Miguel Ángel Blanco. El 7% admitió desconocerla. Y el 40% marcó la casilla ‘No Sabe/No Contesta’. Las víctimas necesitan que su memoria no se olvide, sobre todo cuando todavía quedan 374 asesinatos sin resolver, es decir, impunes. Suponen más del 40% de todos los que cometió la banda criminal.
Venía de un partido
Y en esta memoria, el niño José María Piris Carballo tiene un lugar destacado que no se conoce como debiera. El pequeño se había marchado con 7 años desde Extremadura al País Vasco, porque sus padres, como otros muchos, querían un futuro mejor para él y sus tres hermanos. El estudio ‘Los menores de edad víctimas mortales de ETA’, realizado por Pablo García Varela en el marco de la Universidad del País Vasco, recuerda que el 29 de marzo de 1980 (este sábado hizo 45 años), José María viajaba en el coche del padre de su amigo Fernando García, con él y otro niño más, después de haber jugado un partido de fútbol. Tenía ya 13 años y vivía en Azcoitia (Guipúzcoa).
«Al poco de bajarse del vehículo, mientras esperaban que el padre de Fernando aparcase, José María golpeó un paquete que estaba en el suelo. Era una bomba de un comando de ETA que se había caído del coche de un guardia civil». Le llamó la atención porque de la bolsa sobresalían unos imanes. «La explosión mató al niño en el acto e hirió gravemente a Fernando, quién en una entrevista para ‘El Correo’ en 2016 explicó las secuelas físicas y psicológicas causadas por el atentado», recoge el estudio. De hecho, Fernando García, herido con traumatismo facial y torácico, pasó 22 días en la UCI.
Al funeral de José María en la parroquia de Azcoitia acudieron centenares de personas.La noticia del primer niño muerto a manos de la banda indignó a la población, que organizó una manifestación en contra de la violencia en la que participaron más de 4.000 asistentes. La familia no pudo seguir en el entorno y regresó a San Vicente de Alcántara, donde reposan los restos de José María. El año pasado se inauguró el monumento que le honra en el parque de Joaquín Sama, muy próximo al domicilio de la familia. “Falleció a los 13 años a consecuencia de la sinrazón de la violencia terrorista… Mientras no se entiendan, los unos y los otros, no podremos vivir en paz”, exclama el mensaje de su madre en el memorial.
La carta de ETA a la familia
El estudio ‘Los menores de edad víctimas mortales de ETA’ desvela que cuatro meses después del asesinato, al buzón del domicilio familiar de San Vicente de Alcántara (Badajoz) llegó una carta de ETA dirigida a nombre de José María. En el interior, la banda terrorista afirmaba que el joven había muerto por error, que la bomba no era para él. En el 2002 en una entrevista con ‘El Mundo’, su madre, Carmen Carballo, aportó más detalles sobre carta. Los etarras en ningún momento se arrepintieron de la acción y no se sintieron culpables por lo ocurrido.
Se sabe que el autor del atentado contra José María Píriz, Jon Aguirre Agiriano, observó toda la escena desde un balcón próximo. Entró en 1981 en prisión por tres asesinatos, uno de ellos el del niño extremeño. Salió el 3 de mayo de 2011 tras cumplir el máximo permitido en la legislación entonces vigente de treinta años de condena. Nunca se arrepintió públicamente de sus asesinatos. Al dejar la cárcel, se convirtió en uno de los representantes del Colectivo de Presos Políticos Vascos en firmar el Acuerdo de Guernica, que dirigía peticiones para el cese de la violencia política. Murió en octubre de 2022 a los 69 años.
La información de Covite recoge que, además, fueron culpables del atentado que sesgó la vida del niño los terroristas Francisco Fernando Martín Robles, Jesús María Zabarte Arregui y José Gabriel Urizar Murgoitio.