Están siendo días duros y difíciles para volver a la normalidad. El mundo sigue girando y, mientras eso ocurre, hay miles de familias que tratan de salir adelante con una mano delante y otra detrás tras la catástrofe de la DANA. No obstante, si algo tiene el fútbol, es la posibilidad de rendir un sentido y bonito reconocimiento a todas esas personas que tan difícil lo están pasando. Honrar la memoria de todos aquellos que no están y reconocer la labor de aquellas personas que siguen luchando en medio de esta tragedia es una obligación moral que debemos asumir.
Levante UD o Valencia Basket han hecho homenajes preciosos, emotivos y muy significativos. Reconocimientos que erizan la piel y te hacen sentir que esta catástrofe va a marcar un antes y un después en el pueblo valenciano. Momentos que quedarán en la memoria y la retina de los miles de valencianos que han sufrido directa o indirectamente esta tragedia que ha marcado nuestras vidas para siempre.
Pero voy a ser directo: Creo que el mejor homenaje que puede hacer el Valencia CF es un triunfo. Conseguir una victoria que dote de algo de alegría a toda esa gente que lo ha perdido todo. A esas personas que necesitan una vía de escape, una esperanza, algo a lo que poder aferrarse y en lo que poder ilusionarse mínimamente para poder sobrellevar mejor el drama que ya de por sí les ha tocado vivir.
Porque este partido debe servir de inspiración, de punto de partida y de fuerza. De combustible ante una situación jamás antes vivida. Una tragedia que nos ha golpeado duramente, y donde esperamos que el equipo -más allá de homenajes y donaciones- represente dentro del campo con orgullo, dignidad y pundonor a toda esa gente que ha sufrido. El Valencia CF debe salir a ganar, a dejarse la piel y honrar la memoria de los habitantes de esos municipios que lo han perdido todo. De esos valencianistas que harán el esfuerzo de acudir a Mestalla dejando por unas horas el drama que están padeciendo en sus hogares para ilusionarse en su otra casa, la del valencianismo. De esos niños y niñas que todavía esperan con emoción el próximo partido de su Valencia CF.
Aunque el fútbol sea la cosa más importante de las menos importantes, sí que es algo sanador, reconfortante y capaz de sacar una sonrisa en los momentos más difíciles. Lo vimos con los niños de Aldaia que, jugando en el fango, nos dieron una lección de inocencia, esperanza y entereza en momentos tan difíciles. Son muchas las historias de valencianistas o levantinistas que lloraron por perder los recuerdos de toda una vida. Una vida dedicada a su equipo, a sus colores, a su sentimiento.
Estoy seguro que el homenaje previo al partido en Mestalla estará a la altura de lo que merecen los damnificados. No tengo dudas -o no quiero tenerlas- con que van a poner todo de su parte para honrar la memoria de los que no están y tratar de reconocer a aquellos que tratan de superar esta pesadilla. También a poner en valor a esas personas que, de manera voluntaria y desinteresada, tratan de ayudar a reconducir la situación.
Ya habrá tiempo para pasar las facturas correspondientes a quienes han dado o no ejemplo en esta catástrofe. A esas personas que tendrán por siempre nuestra admiración -sean del equipo que sean- y aquellas que, por otro lado, repudiaremos de por vida por su mezquindad y frialdad.
Pero no quiero darles protagonismo a ellos, sino a los valientes, a los héroes y a las víctimas. Por los que por suerte están y por desgracia no podrán estar. Honremos su memoria, luchemos en el campo. Denles una pequeña alegría: ganen y hagan un homenaje a la altura.
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