El apunte en la hoja de servicios de un, por entonces, joven jefe de escuadrilla es lacónico: “El día 29 se efectúa otra salida a la mar con alumnos de la ENM (Guardamarinas de la Escuela Naval de Marín), en el transcurso de la cual detengo dos lanchas de contrabandistas de tabaco, intimidándolas con un revólver por la ventanilla del helicóptero y teniendo que abrir fuego contra una de ellas que rehusaba detenerse”.
Tres lanchas fueraborda de traficantes se cruzaron con el Dédalo y su grupo de escoltas cuando corrían hacia la costa gallega. Novoa volaba por delante de otros tres helicópteros. “Desde lo alto se las veía ir a toda velocidad, una delante de otra ”, recuerda. El oficial comunicó el avistamiento al Dédalo, y como respuesta recibió la instrucción: “Intercéptenlas”.
Era el segundo día de maniobras, en un Atlántico y unas rías que por entonces recorrían con creciente audacia los pilotos de las lanchas de los patrones de la mafia de Galicia, que ya había comenzado a derivar del apetitoso negocio del tabaco al suculento tráfico de la droga.
En 1981 aún faltaban diez años para que naciera el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, y la Armada tenía las competencias de guardacostas. Aquel día, además, iba a bordo del Dédalo el almirante Saturnino Suanzes , fundador de una renovada Arma Aérea de la Armada.
Fernando Novoa, capitán de corbeta y piloto naval. / CEDIDA
Cuando los helicópteros se pusieron por delante del convoy de traficantes, lo que hoy llamamos narcolanchas, con su cargamento a la vista, se disgregaron. Una de ellas se resistía a parar. Desde el Dédalo preguntaron: “¿Llevan armas?”. Novoa, como comandante, llevaba un revólver. La dotación de los otros helicópteros iba desarmada. El Dédalo ordenó que dos de las aeronaves regresaran al portaaviones para embarcar a un infante de Marina cada uno con su armamento. A Novoa, entre tanto, le comunicaron: “Está autorizado para abrir fuego”.
En ese momento abrió la ventanilla y disparó dos veces contra la lancha. “Lo hice yo por asumir la responsabilidad si algo salía mal -cuenta-. Disparé a la proa , y los tiros se ahorquillaron a babor y estribor. Nadie resultó herido”.
Una narcolancha intervenida por la Guardia Civil en Cádiz. / GC
No hubo daños personales, y las lanchas se detuvieron. Una de ellas tiró para la isla de Ons, donde trató de esconderse el piloto. Los contrabandistas se entregaron al Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA). “Los cogieron, pero al día siguiente estaban en la calle” , recuerda. Durante la carrera, los traficantes fueron tirando su carga al mar. “Cuando volvimos a buscarla, ya la habían cogido toda los pesqueros de la ría”, cuenta.
Novoa rememora que fue el almirante quien ordenó disparar. Fue por preservar el principio de autoridad . “No quería que una orden de la Armada fuera desobedecida de esa manera y a la vista de todo el mundo”, cuenta.
Un disparo mortal
La introducción de droga en España siempre ha sido un pulso de la osadía y velocidad de las lanchas de los contrabandistas contra los medios que interpone el Estado. Entre ellos, policías y guardias civiles abordando embarcaciones.
Fernando Novoa fue, después de su paso por la Armada, y colaborando con la Xunta, el fundador del servicio autonómico de Salvamento Marítimo de Galicia en los primeros 90. Pero también ha sido instructor de policías del Grupo Especial de Operaciones (GEO) en técnicas de abordaje.
Desde que apretó dos veces el gatillo de su revólver hasta ahora, el narcotráfico ha ido variando desde un arranque de clanes de la heroína y la cocaína en las rías gallegas a una virulenta extensión de las mafias del hachís en el Estrecho y los cárteles del negocio de la marihuana en el creciente verde español. “En el pasado un piloto de una planeadora no se echaba encima de agentes policiales ”, comenta el oficial.
Ha habido en el tiempo transcurrido tiroteos entre policías y narcos , sobre todo si los agentes se han aproximado a un almacén o secadero de droga. Pero en el mar el uso de armas desapareció cuando aún faltaba un año para que el juez Baltasar Garzón desatara la Operación Necora. Fue una noche desgraciada.
El 26 de ocutbre de 1989, una patrullera aduanera ordenó detenerse al barco Bucéfalo en aguas al suroeste de A Coruña. El Bucéfalo era una antigua minadora de la marina nazi, jubilada y subastada tras la II Guerra Mundial. La había comprado uno de los clanes de la droga y el tabaco para convertirla en lanzadera , previamente abanderada en Honduras.
La Bucéfalo llevaba 300.000 cajetillas de rubio, y una tripulación de cuatro gallegos de Arousa y cinco marineros griegos. A uno de ellos, Victoris el cocinero, le costó la vida que el barco no se detuviera y que el capitán del SVA Guillermo García Caparrós , en plena carrera en el agua, ordenara disparar una ráfaga de ametralladora. Una bala tuvo trayectorial fatal. Doce años después, la Justicia obligó al Estado a pagar 15 millones de pesetas (90.000 euros) a la familia del muerto. El SVA no dispara desde entonces en persecuciones sobre las olas.