Clàudia Tremps tardará en digerir este UTMB. Había preparado durante un año una de las carreras más importantes de su temporada y durante las primeras horas todo indicaba que podía estar peleando muy arriba. Pasó octava por Col de Voza, novena por Saint-Gervais y continuó moviéndose alrededor de las diez mejores rumbo a la parte más salvaje del recorrido.
Pero la carrera empezó a torcerse mucho antes de que apareciera el abandono. «En la subida al Col du Bonhomme apareció un vómito. Fue solo un momento y continué», explicó posteriormente. El problema serio llegó poco después. Justo antes de Lac Combal, alrededor del kilómetro 66, se torció un tobillo. «Y allí empezó todo», resumió.
Tremps decidió continuar. El cuerpo todavía avanzaba, pero ya no lo hacía de la manera prevista. Comenzó a compensar con la otra pierna y consiguió alcanzar Courmayeur, alrededor del km 80. «Aguantando. Tirando. Intentando que el cuerpo siguiera cuando ya no respondía como yo quería», relató.
La crueldad de la situación apareció precisamente después. Llegaba uno de los sectores donde esperaba poder correr de verdad, aprovechar su velocidad y disfrutar de la carrera. Pero la compensación acumulada durante kilómetros había empezado a pasar factura.
«Justo cuando llegaba el tramo más bonito de la carrera, aquel donde realmente podía correr y disfrutar, la pierna dijo basta».
Aun así siguió avanzando. Había invertido demasiadas horas, sacrificios y entrenamientos como para asumir fácilmente que aquel UTMB podía terminar antes de Chamonix. Pero subiendo al Grand Col Ferret, precisamente uno de sus lugares favoritos de toda la vuelta, entendió que continuar significaba asumir un riesgo que iba mucho más allá de una posición.
«Tomé la decisión más difícil de toda la carrera: parar. No porque no quisiera continuar. No porque no hubiera luchado. Sino porque quiero seguir corriendo muchos años», explicó. Ahí terminó su UTMB. La decisión duele especialmente por cómo había llegado hasta la salida. «Hoy todavía no asimilo que todo el trabajo de un año se haya esfumado sin resultado. Pero así es el deporte», reconoció. No habla únicamente de kilómetros acumulados: detrás quedaban meses de sacrificios, planificación y una preparación construida específicamente para volver a enfrentarse al Mont Blanc.
Pero Tremps también intenta separar una carrera de todo lo que representa una temporada. «Una carrera no define un año. Un abandono no define a un corredor», escribió. Y dejó otra reflexión que explica por qué eligió detenerse cuando mentalmente todavía quería seguir: «A veces, la victoria es saber parar para poder volver más fuerte».
El objetivo ya está marcado. Volver al UTMB en 2027 al cien por cien. «Hoy toca aceptarlo. Mañana, volver a construir. Nos volveremos a encontrar«.
Después de un día en el que comenzó corriendo entre las mejores y terminó obligada a elegir su futuro antes que una meta, Clàudia Tremps ya piensa en regresar al lugar donde esta vez tuvo que parar.











